El hallazgo de la web sobre el Cantar de Mio Cid, del que daba cuenta ayer,  está relacionado con un proyecto que estoy iniciando en 1º de Bachillerato: la composición de un retrato moral del Cid a partir de la lectura (y la audición) de fragmentos extensos del Cantar.

Este proyecto lo he realizado en varias ocasiones en 3º de ESO, y su desarrollo lo describí en un artículo publicado en Articles de Didàctica de la Llengua y la Literatura, nº 31 . Ahora vuelvo a él con alumnos más maduros: en tercero de la ESO me servía para iniciarles en la búsqueda de información y en la planificación de un texto expositivo; en 1º de Bachillerato me servirá para trabajar más en profundidad esta modalidad discursiva, para integrar la reflexión gramatical con la composición escrita en el terreno de la cohesión y para incidir en la relación del texto literario con el contexto histórico.

Una de las cosas que más me disgustan de nuestra tradición escolar es la atomización de los aprendizajes: un poco de lectura, un poco de vocabulario, otro poco de literatura, un poco más de ortografía, un mucho de gramática… Los libros de texto contribuyen a que esta parcelación se perpetúe; es más, las editoriales necesitan, para elaborar sus productos, este modo “muy organizado” de presentar los contenidos y las actividades.

Creo que esta secuencia de trabajo sobre la figura literaria del Cid muestra claramente que la parcelación a la que me refiero se puede superar. A condición, claro, de que las propuestas de trabajo las elaboremos los profesores disconformes con el modelo que critico. De las editoriales mayoritarias no podemos esperar estos esfuerzos.

[El trabajo al que me he referido arriba está incluido, con modificaciones, en mi libro La educación literaria. Cuatro secuencias didácticas.]