Entramos en la recta final del primer año del Máster de Secundaria. Es difícil sacar conclusiones de la experiencia, pues ha sido un curso atípico, concentrado en un semestre.

No me interesan tanto los aspectos organizativos –pues poco puedo decidir en este terreno, como profesor asociado- , como el desarrollo de la materia que  imparto, “Aprendizaje y enseñanza de la lengua castellana y su literatura”, así como el modo de trabajar en las clases y los procedimientos de evaluación.

Creo que los programas de formación profesional del futuro profesor de lengua y de literatura tiene que descansar sobre estos pilares:

  • La lectura y la discusión de estudios básicos sobre la lectura y la escritura, y sobre las investigaciones llevadas a cabo acerca de su enseñanza y su aprendizaje.
  • La observación, análisis y discusión de prácticas escolares y materiales didácticos.
  • La participación en la web social para el intercambio de información, para la cooperación y el conocimiento compartido.

Estos tres grandes ejes no sirven mucho a la hora de concretar los contenidos del curso, pero sí que muestran un enfoque centrado en la actividad de los alumnos –lectura, , observación, análisis, discusión, intercambio…- más que en la recepción de nuestras conferencias.

Creo que, por encima de todo, lo importante es trabajar a favor de la formación permanente -aprender a lo largo de toda la vida profesional-, que estará condicionada por:

  • la reflexión sobre la propia práctica,
  • el conocimiento de las aportaciones relevantes de la teoría lingüística y literaria, y de la didáctica de la lengua y la literatura,
  • el intercambio y la cooperación con otros profesionales, tanto en los centros educativos como en las web social.

En definitiva, se trata de ayudar a recorrer caminos como los que muchos hemos tenido que explorar a golpe de machete, pero ahora con guías y bien acompañados por otros exploradores (¿o peregrinos, como diría Tíscar Lara?)