En un post anterior comencé a recuperar algunos posts del blog que usaba en  los cursos del Máster de Secundaria, en la Universitat de València. Publico ahora un segundo post procedente de aquel blog ya abandonado:

Cuando pensamos en qué contenidos gramaticales son relevantes para el aprendizaje de habilidades lingüístico-comunicativas, pensamos inmediatamente en las marcas enunciativas (toda forma lingüística que se explica por la relación del texto con el contexto) y en las marcas de cohesión.

Estos contenidos se pueden seleccionar fácilmente dentro de una secuencia didáctica a partir del análisis de ejemplos prototípicos del  género de texto con el que estemos trabajando. Los alumnos examinarán estas formas lingüístas para tenerlas en cuenta en los textos que van a leer o escribir.

¿Pero qué hacer con la morfosintaxis? ¿Admite también un enfoque centrado en el uso de la lengua y en la comunicación?

Hay mecanismos morfológicos y sintácticos que son característicos de ciertas clases de textos. Un ejemplo de ello son las nominalizaciones, que aparecen en cronologías, índices, esquemas, etc.

Hay que tener también en cuenta que formas lingüísticas que tradicionalmente se han estudiado desde una perspectiva formal, y se han enseñado dentro de determinados paradigmas (los pronombres, la conjugación, los adverbios…) pueden trabajarse desde una perspectiva pragmática  y textual.

Pero… ¿qué hacer con contenidos de tanto prestigio en la clase de lengua como la oración y su estructura, las funciones sintácticas, las oraciones compuestas y los diferentes tipos de relaciones entre los elementos que la componen?

En una clase del Máster traté de mostrar que es posible abordar la sintaxis desde un punto de visto menos formalista y más próximo a una de las funciones de la lengua: hablar de las cosas.

En vez de explicar la estructura de la oración, los alumnos pueden explorar las posibilidades que tienen diferentes verbos de ir acompañados por determinados elementos,  necesarios para el uso del verbo en cuestión. Esta exploración les puede ayudar, sin duda, para entender las entradas del diccionario correspondientes a los verbos, pues sus diversas acepciones  tienen que ver con sus diferentes entornos (“Tratar de hacer algo” o “tratar a alguien con tal medicina”) El fundamento teórico de este planteamiento lo podemos encontrar, por ejemplo, en el capítulo XVII del Curso universitario de lingüística general, de Moreno Cabrera, en el que se trata de la valencia verbal.

Este juego de activar su gramática implícita para decidir qué elementos son exigidos por el “ADN” de un verbo (metáfora tomada de Salvador Gutiérrez Ordóñez) y qué elementos se pueden añadir opcionalmente es muy importante también como preámbulo a un trabajo más formal con la estructura de la oración. Esta estructura está determinada por el significado del verbo y los “argumentos” necesarios para su despliegue.

Otra línea de trabajo consiste en distinguir enunciados que corresponden a diferentes esquemas semánticos (“Alguien hace algo”, Alguien experimenta algo”, “Algo es causa de algo”, “Algo se modifica, ocurre, permanece en tal estado…”), observar que en estos esquemas el sujeto corresponde a papeles semánticos diferentes y que es posible, en algunos casos, reescribir el enunciado de modo que se pueda pasar de un esquema semántico a otro con los correspondientes cambios sintácticos.

La fundamentación teórica de este enfoque se encuentra, por ejemplo, en el mismo capítulo del Curso universitario de lingüística general, y también en diversos trabajos de Salvador Gutiérrez Ordoñez, de José Álvaro Porto Dapena y en el capítulo 6 de la obra de Luis González Nieto Teoría Lingüística y enseñanza de la lengua. (Lingüística para profesores).

Ejemplos de actividades basadas en esta orientación de la gramática de la oración se pueden examinar en dos trabajos míos alojados en El Tinglado:

Gramática de los titulares de prensa. El sujeto.

Cómo funciona la oración: el sujeto.

Qué contenidos gramaticales
Para conocer a Vicente Gallego