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Cierro 2013  con el final de la lectura de Maldita perfección, de Rafael Argullol, un libro que me ha tenido fascinado durante estos últimos días. Tanto me ha gustado  que probablemente releeré varios capítulos en los próximos días, y lo más probable es que la relectura sea completa.

Escribo todavía con el postgusto que me ha dejado el último capítulo: “Siete argumentos para defender la poesía en medio del ruido”, título que, según el autor, podría ser intercambiable con este otro: “Siete argumentos para defender la utopía en medio de los lugares comunes”.  Es un texto al que volveré a menudo.

Copiaré aquí un breve  fragmento como invitación a la lectura del texto completo:

La poesía es un goteo verbal desde el silencio, marca la frontera del silencio […] Si pudiéramos establecer una topografía de las escrituras, la escritura de la información, la de los propios medios de comunicación, estaría en un extremo del arco, mientras la poesía, a mi entender, se situaría en el otro. La escritura informativa está vinculada al ruido cotidiano por necesidad interna en tanto que la poesía se autoexpulsa de ese ruido, inclinada como está hacia la introspección, hacia la indagación, lejos de una de las diosas de nuestro mundo, la información.

Pues me parece que se debe aceptar esta invitación al silencio, a la introspección, a la indagación sobre los temas “que ruedan como una noria alrededor del eje central de la condición humana”, de los que se ocupa la poesía en todas las épocas, en todas las culturas.

No considero que este refugio en el silencio y en la poesía haya de ser una opción alternativa a participar en la acción y en la protesta, a expresar la indignación contra quienes cortan derechos y libertades, a asociarse para defender las conquistas de todos los que han luchado por la libertad, por la igualdad y por la solidaridad. Pero en estos días de ruido y de alboroto, de irritación y de resistencia, será bueno apartarse  de vez en cuando a un lado para escuchar en silencio las  voces que nos llegan desde hace tantos siglos y de tantas culturas para hablarnos de nuestra miseria y de nuestra grandeza.