POEMAS ARABIGOANDALUCES

Convendréis conmigo en que uno de los contratiempos más insoportables es echar de menos en tu biblioteca un libro que quieres consultar. En ese momento, el libro que buscamos se nos hace absolutamente imprescindible y su pérdida la sentimos como una gran tragedia.

Es lo que me está pasando con los Poemas arabigoandaluces, de Emilio García Gómez. Se trata de una selección de la antología de Ibn Said, Libro de las banderas de los campeones, que García Gómez tradujo y publicó en 1930, y que reeditó años más tarde Espasa-Calpe en la colección Austral.

La publicación de 1930 tuvo un gran éxito. “Fue leído por todo el mundo –afirma García Gómez– desde Juan Ramón Jiménez a Ramón Gómez de la Serna. Si mis Poemas pueden o no entrar en el movimiento de lo que se llama ‘Generación del 27’ no me corresponde a mí decirlo.”

Cuando yo lo leí, a comienzos de los 80 del siglo pasado, en una edición de Austral, me pareció que aquellos poemas, con sus deslumbrantes e insólitas metáforas, podían gustar a mis alumnos. Y se me ocurrió seleccionar algunos cuyas imágenes visuales pudieran ser convertidas en caligramas. Durante muchos años he conservado los bellísimos caligramas que compusieron mis alumnos, incluso creo que llegué a escanearlos, pero desafortunadamente no encuentro ni los originales ni los archivos con las copias digitales.

Años más tarde, volví a recurrir a estos poemas, en varias ocasiones, para preparar con mis alumnos antologías de poesía amorosa. Los poemas seleccionados servían para mostrar ejemplos de diferentes episodios de la experiencia amorosa: el enamoramiento, la declaración de amor, el encuentro de los amantes, la ausencia del ser amado, el sufrimiento por el desdén del ser amado y la evocación nostálgica de un amor pasado. (Es posible que para esta selección haya usado también el Libro de la magia y de la poesía, antología de Ibn al-Jatib, traducida por J. M. Continente Ferrer.)

Desde que leí por primera vez los Poemas arabigoandaluces estoy persuadido de que la poesía arabigoandaluza debería formar parte del canon literario escolar, pues su ausencia significa una mutilación importante de nuestra historia literaria y cultural.

Reproduzco a continuación los poemas que seleccioné con las dos finalidades que he expuesto más arriba.

 Poemas para la creación de caligramas

LLUVIA SOBRE EL RÍO

La mano de los vientos realiza finos trabajos de orfebre en el río, ondulado en mil arrugas.
Y siempre que ha terminado de forjar las mallas de una loriga, la lluvia viene a enlazarlas con sus clavillos.
Del sevillano ABU-L-QASIM AL-MANISI, (Siglo XII)

LA LECTURA
Mi pupila rescata lo que está preso en la página: lo blanco a lo blanco y lo negro a lo negro.
De BEN AMMAR de Silves, visir de Mutamid de Sevilla. (m. 1086)

LA NUEZ
Es una envoltura formada por dos piezas tan unidas, que es lindo de ver: parecen los párpados cuando se cierran en el sueño.
Si la hiende un cuchillo, dirías que es una pupila a la que pone convexa el esfuerzo de mirar.
Y su interior podrías compararlo al de la oreja, por sus repliegues y escondrijos.
De ABU BAKR MUHAMMAD BEN AL-QUTIYYA, cortesano de Mutadid de Sevilla.

LA ESTRELLA FUGAZ
Vio la estrella a un demonio espiar furtivamente a las puertas del cielo, y se lanzó contra él, encendiendo un camino de llama.
Parecía un jinete a quien la rapidez de la carrera desatara el turbante y que lo arrastrase entero tras de sí un velo que flota.
De BEN SARA, de Santarén. (m. 1123)

“¡Qué bello el surtidor que apedrea el cielo con estrellas errantes, que saltan como ágiles acróbatas! De él se deslizan a borbotones sierpes de agua que corren hacia la taza como amedrentadas víboras”
(Ben Raia de Sevilla. Siglo XIII)

El jardín me recuerda la belleza de las doncellas; su belleza brilla encadenando los ojos.
Sus florecientes rosas parecen mejillas; y los lánguidos narcisos, ojos que la miraran.
Los tallos de las maduras semillas parecen una espesa cabellera; el arroyo que lo atraviesa, la raya que parte el cabello.
Abu l-Hasan al-Warrad

Mira el campo sembrado, donde las mieses parecen,
al inclinarse ante el viento,
escuadrones de caballería que huyen derrotados,
sangrando por las heridas de las amapolas.

Al-QADI Abu l-Fadl Iyad

 Poemas para ejemplificar los episodios de la experiencias amorosa

TEXTO 1

Sus miradas eran de gacela; su cuello, como el del ciervo blanco; sus labios, rojos como el vino; sus dientes, como las burbujas.

Su túnica bordada de oro la ceñía como las estrellas brillantes se entrelazan en torno a la luna.

La mano del amor nos vistió en la noche con una túnica de abrazos que rasgó la mano de la aurora.

Ben Jafacha, de Alcira (1058-1138)

 

TEXTO 2

Quisiera rajar mi corazón con un cuchillo meterte dentro y luego volver a cerrar mi pecho,

para que estuvieras en él y no habitaras en otro, hasta el día de la resurrección y del juicio final.

Así vivirías en él mientras yo existiera y, a mi muerte, morarías en las entretelas del corazón en la tiniebla del sepulcro.

Ben Hazm, de Córdoba (994-1063)

 

TEXTO 3

La pasión ha penetrado en mi pecho cual si fuera la claridad del relámpago o el tibio aroma del enebro.

Me arrodillaré adonde mis ojos se sacian de verter lágrimas y en donde mis entrañas sienten el dulce calor del fuego.

Al-Rusafi, de Valencia (muere en 1177)

 

TEXTO 4

Las noches son para mí más largas desde que te empeñaste en alejarme de tu lado,

¡oh gacela que demora la ejecución de la promesa y que no cumple la palabra que me dio!

¿Es que has olvidado el tiempo en que pasábamos la noche juntos, sobre un lecho de rosas,

mientras las estrellas del horizonte brillaban como perlas sobre lapislázuli?

Califa Abd al-Rahman V Mustazhir (m. 1024)

 

TEXTO 6

¡Oh joven bello como una gacela, cuántas veces te he pedido que te acercaras a mí obteniendo sólo de tu parte distanciamiento!

A causa de la pasión se me hacen tan largas las noches como larga es la noche de tu cabello!

Abu-l-Qasim al-Sarif, de Granada (1297-1358)

 

TEXTO 7

Sin cesar recorro con mis ojos los cielos, por si viese la estrella que tú estás contemplando.

Pregunto a los viajeros de todas las tierras, por si encuentro alguno que hubiera aspirado tu fragancia.

Cuando los vientos soplan, hago que me den en el rostro, por si la brisa me trajese tus nuevas.

Voy errante por los caminos, sin meta ni rumbo: tal vez una canción me recuerde tu nombre.

Miro furtivamente, sin necesidad, a cuantos me encuentro, por si atisbara un rasgo de tu hermosura.

Abu Bakr al-Turtusi (1059-1126)