Tumba de Cernuda

Esta mañana he visitado el lugar donde está enterrado Luis Cernuda.
Para llegar hasta allí desde el centro de Ciudad de México hay un largo trayecto, que he querido hacer en metro y microbús: varios transbordos hasta llegar a la estación  de Viveros, y desde allí un microbús que tiene parada junto a Panteón Jardín, el cementerio donde está la tumba de Cernuda.
Hay que subir una cuesta pronunciada y prolongada, hasta llegar a la sección C, fila 4, tumba 48.  Conocía estos datos por un artículo de Antonio Rivero Taravillo, biógrafo de Cernuda, publicado en El Universal, de México, hace casi tres años. (Hay que advertir del error que contiene el artículo: el número de tumba no es el 28, sino el 48).
Las dos promesas están cumplidas.
Copio uno de los poemas que más me emocionan de La Realidad y el Deseo:

Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Carlos Marzal ha dicho a propósito de este poema:

Pocas veces un escritor ha enseñado, con tanta verdad, el orgullo necesario para un alto destino trágico. En Desolación de la quimera está “Peregrino”, un canto a la fidelidad hacia uno mismo, la aceptación de la fatalidad propia. Siempre me ha parecido el destilado de sabiduría vital de un anciano viajero senequista.