encuentro

Partido, encuentro, choque, duelo, combate, batalla, contienda, liza, pugna, disputa…

Enfrentarse, disputar, pelear, medirse, pugnar por, verse las caras, chocar, …

Vanguardia, retaguardia, defensa, ataque, zaga, ariete, muralla…

Vencer, derrotar, dominar, herir, rendir, someter, imponerse a , triunfar…

Caer derrotado, caer herido, claudicar, entregarse, morder el polvo…

Honra, coraje, generosidad, entrega, aplomo, fortaleza, abnegación…

Estas palabras se han usado o podrían haberse usado estos días con ocasión del partido entre el Real Madrid y el Barcelona. De hecho es un léxico habitual en las crónicas y comentarios futbolísticos.

¿No proporciona ocasión esta circunstancia  para llevar al aula actividades que den sentido a la reflexión sobre la lengua y  a la mejora de la competencia lingüístico-comunicativa? Se me ocurren -y a vosotros, sin duda, también- numerosas actividades posibles, desde el uso del diccionario de sinónimos del procesador de textos hasta pequeños proyectos de investigación, sin olvidar la relación de este lenguaje con la literatura épica.

Una de mis primeras reflexiones importantes como profesor la motivó el constatar lo extrañas que resultaban para mis alumnos las descripciones gramaticales, siendo que su objeto era algo sumamente próximo a ellos: su lengua. Me llamaba la atención que no vieran la relación entre los conocimientos sobre la lengua que trataba de enseñarles y su propia actividad  verbal, que lo que describíamos en clase tenía que ver con  lo que ellos hacían cuando hablaban.

Ese  descubrimiento me llevó a adoptar dos criterios metodológicos:

  • Vincular lo más posible las descripciones gramaticales (doy  aquí a “gramática” un significado muy extenso) a enunciados  tomados de la vida real, es decir,  que fueran reconocibles por los alumnos como usos efectivos de la lengua.  De aquí procede mi interés por el trabajo con titulares de prensa, eslóganes, pies de fotos, títulos de libros y canciones, greguerías, refranes, chistes, etc. como materia para la observación, el análisis y el comentario lingüístico.
  • Proponer actividades que obligaran a los alumnos a distanciarse de la lengua y “mirarla” como un objeto del que se puede hablar, es decir, para desarrollar su capacidad metalingüística.  Para ello recurría a enunciados que provocaran extrañeza y obligaran a observar su forma y a ponerla en relación con el significado. Eslóganes publicitario, poemas breves o fragmentos de poemas, juegos verbales tomados de las vanguardias literarias, etc. eran la materia verbal idónea para este fin. (Recuerdo la importancia que tuvo para mí en esa época leer Alicia en el país del lenguaje, de Marina Yagüello)

En definitiva, se trataba (se trata) de dar sentido a los conocimientos sobre la lengua poniéndolos en relación con el uso que de ella hacemos y de favorecer la actividad reflexiva enseñando a los alumnos a situarse ante los enunciados y a “mirarlos” como hacen los lingüistas para extraer conclusiones de sus observaciones.

Estos dos criterios, de un modo o de otro, siempre han estado presentes a lo largo de mi vida como profesor.