a modo de esperanza

 

Hay algunos versos que nos son necesarios.

Los necesitamos para hablar de nuestros deseos, nuestros temores, nuestras decepciones, nuestros sueños…

Por ejemplo, para manifestar nuestro sentimiento del paso irremediable del tiempo, del incesante fluir de la vida, recurrimos a los versos que hace tantos años escribió Jorge Manrique:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar al mar
que es el morir.

Y, siempre que encontramos en otros poemas la imagen del agua fluyendo sentimos el mismo escalofrío, como en estos versos de Federico García Lorca, que hemos de interpretar como un lamento:

¡Ay, cómo corre el agua!
¡Ay, mi corazón!

(“A Irene García”, en Canciones)

Así, conocer la poesía nos hace poseer las palabras necesarias para decir nuestros sentimientos. Si esto es así, la enseñanza de la poesía podría estar orientada por este criterio: elegir aquellos versos que consideramos necesarios para que los niños y los jóvenes reconozcan sus sentimientos y para que puedan hablar de ellos.

¿Y cuáles son estos versos necesarios? Cada lector de poesía tiene los suyos, ha ido elaborando su propio repertorio de versos que hablan de su vida. Por ejemplo, en los últimos meses suelo recordar unos versos de Giuseppe Ungaretti:

Se está
como en otoño
en los árboles
las hojas

(Si sta come / d’autumno / sugli alberi /le foglie.)

Estos versos tienen como título “Soldados” y expresan de forma muy sencilla el sentimiento de existencia precaria y fugaz, no solo por causa de la guerra, sino también por la enfermedad y la vejez, y por la propia condición humana.

Pero cuando pienso en la educación literaria no me refiero a mostrar los versos que son necesarios para nosotros, los profesores, por nuestra biografía o nuestros gustos, sino los que forman parte de un patrimonio común, los que a través de los siglos han enseñado a una comunidad de hablantes a pensar la muerte, la vida y el amor (“Con tres heridas vengo…”). Es decir, aquellos versos que precisamente se han convertido en clásicos porque a lo largo de los siglos los miembros de esta comunidad los hemos incorporado a nuestras vidas, y por ello se han ido cargando de sentido, de aquel que otros les han dado antes de que llegaran a nosotros.

Estos versos necesarios se distinguen, además, por tener el poder de evocar otros versos relacionados con ellos. Relacionados porque han sido creados con la intención de tratar temas y suscitar sentimientos semejantes. O porque nos provocan sentimientos contrarios. O porque otros poetas los han tenido en cuenta en sus versos. O porque comparten unos mismos procedimientos poéticos…

Enseñar a leer poesía será enseñar a dialogar con estos versos que han sido necesarios para tantas personas durante tanto tiempo. Y también a observar y a interpretar las relaciones que contraen los versos dentro de las redes de las que forman parte.

Más arriba tenemos un ejemplo de la relación que inevitablemente hemos de establecer entre el río de Manrique y el agua que fluye del poema de García Lorca, aunque el poeta granadino no haya sido consciente de ello.

Pero podemos poner otros ejemplos en los que la relación es claramente buscada. Por ejemplo, el primer poema del libro A modo de esperanza, de Ángel Valente (uno de los poemas que más me gustan de toda su obra) es este:

“Serán ceniza…”

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.
Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.
Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

Este poema existe porque antes han existido otros versos que nos hablan del sentido que, por el amor, puede tener la vida más allá de la muerte, y a pesar de ella. Y para leerlo y comprenderlo de forma cabal, es necesario tenerlos en cuenta. Estos otros versos – el soneto de Francisco Quevedo “Amor constante más allá de la muerte– son versos necesarios.

Hemos de preguntarnos, en definitiva: “¿Cuáles son los versos necesarios que nuestros alumnos han de leer, aprender a interpretar e incluso memorizar? ¿Qué significado pueden tener estos versos para la vida de los lectores? ¿Cómo les ayudamos a desvelar este significado? ¿En qué redes de formas y de significados hay que situarlos para que muestren el sentido del que llegan cargados?

De todo ello hablaré en otros post.