Darle a la lengua 2

El problema de definir al destinatario

Como ya he dicho en el post anterior, cuando inicié este blog en febrero de 2005 tenía bien definido al destinatario: me dirigía a los asistentes a un curso de formación.

Acabado este, decidí continuar el blog y me di cuenta de que seguía tomando como destinatarios a los asistentes al curso.

Sabía, sin embargo, que los lectores del blog podían ser muchos más, pero ignoraba cómo llegar a ellos y qué tono era el adecuado para dirigirme a unos destinatarios desconocidos. Así que leía y analizaba cuantos blogs educativos iba conociendo, que no eran muchos, para familiarizarme con el estilo de este nuevo género de comunicación.

Este asunto –el del registro más adecuado para el blog– me ha preocupado mucho desde los inicios. De ello he escrito en varios posts.

 Primeros pasos en la blogosfera

El único blog de lengua que conocía entonces era Blog de una profe de lengua, de Bea Marín, desafortunadamente cerrado desde hace unos años. Este blog, por una parte, me mostraba las posibilidades de este medio de comunicación como recurso educativo para las clases de lengua y de literatura; y, por otra, me servía para orientarme acerca de los temas y del estilo adecuado para un blog de educación.

Fue precisamente Bea Marín quien dejó el primer comentario en Darle a la lengua, en el que valoraba con entusiasmo las ideas, enlaces y materiales de mi jovencísimo blog. Bea se convirtió en una visitante habitual.

Otro profesor que dejó su comentario muy pronto fue Luis Barriocanal, quien, ante la necesidad que yo expresaba de trabajar en clase con blogs colectivos, me recomendaba usar WordPress.  Pero ¿qué era WordPress? No lo sabía. E ignoraba que la recomendación de Luis se refería a blogs que, utilizando esta plataforma. yo mismo debía crear, configurar y alojar en un servidor propio. Más tarde aprendí a hacerlo, pero en aquel momento ignoraba de qué me estaban hablando. Meses más tarde, antes de que aprendiera a instalar y alojar mis blogs de WordPress, Luis Barriocanal me creó,  y alojó en su servidor,  un blog colectivo para un proyecto destinado a la reflexión gramatical. Esta fue mi primera experiencia como administrador de un blog de WordPress. Vivíamos un momento fascinante, en el que todos podíamos enseñar y aprender gracias a la cooperación que caracterizaba a la blogosfera educativa.

Luis Barriocanal era uno de los fundadores de Aulablog, sitio que había conocido hacía varios meses y a cuyos miembros (Lourdes Barroso, Alejandro Valero, Charo Fernández…) comencé a seguir y de los que aprendí muchísimo.

También se convirtieron en blogs de referencia los de Carlos Cabanillas (quien me puso sobre la pista de los primeros wikis que conocí), José Mª González Serna, Eduardo Larequi, Fabián Montojo, Aníbal de la Torre, Francisco Muñoz de la Peña, Ángeles Araguz, etc.

Muchos de estos profesores comenzaron a dejar sus comentarios en mi blog. Por mi parte, el tema de algunos de mis posts era dar noticia del hallazgo de blogs que me interesaban por alguna razón, como este de 18 de noviembre de 2005:

Me encanta descubrir blogs de profesores de lengua y de literatura. Quiero decir que me encanta toparme con personas que se divierten intentando enseñar lo que yo trato de enseñar y que, en vez de pasarse el día quejándose de qué malos alumnos tenemos, tratan de buscar algunas sendas que sean practicables y las muestran por si a los demás nos sirven.

Creo que el primer blog educativo que conocí fue el de Bea Marín. Y, claro, me deslumbró. Casi al mismo tiempo di con Cuaderno de clase [Ahora, El almacén] de José Mª González-Serna, aunque conocía su Web, Aula de Letras, desde mucho antes. Y hace varios meses me topé con el llamativo Alta mar, de Fabián. [Al visitar ahora su blog descubro que falleció hace algo más de un año.]

Hace sólo unas semanas he conocido Leonardo, el blog con el que la profesora Gabriela Zayas se comunica con sus alumnos fuera del aula. […] Y desde hace sólo unos días, me llegan las cosas de Lourdes Domenech, A pie de aula.

 Afianzándome en la blogosfera educativa

 Darle a la lengua comenzaba a tener lectores y se convertía en un componente de una red que se iba extendiendo y nos permitía, como ya he dicho, aprender unos de otros.

Mi papel en esta red se fue afianzando a medida que, en el curso 2005-2006, comencé a trabajar habitualmente con blogs de aula. Mis posts sobre los usos didácticos de los blogs –actividades posibles, herramientas, problemas e interrogantes…– propiciaron la relación con muchos otros profesores blogueros . A muchos de los ya mencionados, hay que añadir a Isidro Vidal, Angus Iglesias, Mario Núñez, Elisa Armas. José Luis Cabello, Patxo Landa, Eduardo Larequi, José Cuerva, etc.

En febrero de 2006 anuncié en un post la aparición de El Tinglado, un blog colectivo impulsado por un grupo de profesores que apostaban por las TIC en el proceso de enseñanza-aprendizaje. “Nos ha unido –afirmaban– la amistad y las ganas de experimentar en el ámbito de las actividades educativas, especialmente en el marco de los blogs o bitácoras”. En un comentario de Alejandro Valero dejado en este post me animaba a sumarme al proyecto. En julio de ese año, en el I Encuentro de Aulablog, en Roa de Duero, conocí a la mayoría de miembros de El Tinglado y me animé a formar parte del grupo. Mi primera contribución fue una propuesta de actividades de gramática centradas en los titulares de prensa.

A finales del curso 2005-2006 ya me sentía integrado en la blogosfera educativa. En junio de 2006, en el libro de José Luis Orihuela, se incluía Darle a la lengua en una selección de blogs educativos, junto con otros que me habían servido de modelo. Además, Luis Barriocanal me invitaba a asistir al I Encuentro de Aulablog, que se celebró a primeros de julio en Roa de Duero. Asistí, y descubrí que,  en aquel contexto, Darle a la lengua era considerado un blog importante.