campo de concentración

Creo que yo era uno de los pocos que no habían leído todavía El niño con el pijama de rayas. Pues ya estoy en ello. La lectura de los primeros capítulos es lo que me lleva a hacer la reflexión que sigue.

¿Debemos los profesores de Lengua y Literatura incorporar la novela juvenil o los betselers, como lecturas  para nuestras clases?

Es éste un fenómeno que ha ido normalizándose en los institutos: hasta los profesores más renuentes a este tipo de lecturas transigen. A la hora de decidir las lecturas obligatorias, los títulos del canon literario han dejado paso a otros que corresponden  a obras escritas para un segmento de lectores que probablemente sólo leen porque se lo exigen sus profesores.

Por mi parte, distingo dos situaciones de lectura relacionadas con el ámbito escolar:

a) Las lecturas cuyo objetivo de enseñarles a leer, es decir, a familiarizarse con los procedimientos litrarios para construir el sentido de los textos. Estas lecturas, en su mayor parte -al menos en la ESO- han de corresponder al canon literario. Si no, ¿cuándo conocerán nuestros alumnos estos textos? ¿Y dónde mejor que en ellos se podrán observar y apreciar las convenciones de la tradición literaria?

b) Las lecturas  cuya finalidad es el disfrute y el enriquecimiento personal. Estas lecturas no pueden ser obligatorias, sino de libre elección  orientada por sugerencias: que los alumnos se inclinen a ellas dependerá del ambiente que se cree en los centros mediante  proyectos de fomento de la lectura en los que las familias – ¿y las administraciones?- han de tener un papel importante.

Pues bien, la responsabilidad de este segundo modo de leer no es –sólo- del profesorado de lengua.  No tiene que ver con la enseñanza formal, sino con actuaciones que se sitúan en otros ámbitos.

¿Qué pinta en todo esto la novela a la que me he referido al comienzo de este post?

Pues tiene que ver con lo siguiente: creo que la literatura juvenil o los betselers pueden y deben ser incorporados a la clase de Lengua y LIteratura si nos sirven para trabajar aspectos de la educación literaria, es decir, si nos sirven para enseñar a leer textos iterarios. En el caso  de El niño con el pijama de rayas, los primeros capítulos nos  brindan un ejemplo diáfano de los qué es la perspectiva o punto de vista narrativo. No lo voy a excplicar. Releedlo  y advertiréis de  qué modo un narrador externo adopta el punto de vista del hijo del oficial nazi cuando llega al campo de exterminio y trata de entender lo que ve de acuerdo con su conocimiento del mundo. Este procedimiento narrativo no es un amera cuestión formal: nuestra desazón como lectores está motivada porque vamos atisbando, gracias a esta técnica dilatoria,  cómo es ese mundo que el niño todavía trata de entender. Nos angustiamos porque sabemos que el niño está a punto de descubrir el horror.

Enseñar  a leer textos de ficción: ese es el objetivo de la clase de literatura.

Crear la afición por la lectura: es un objetivo del conjunto de la escuela, pero ambién de las familias, y de quienes elegimos para gestionar los asuntos de los municipios, y de los medios de comunicación, y de…