letras entornadas

Desde hace unas semanas utilizo la plataforma eBiblio, desde la que puedo acceder al catálogo en línea de las bibliotecas municipales de la Comunidad Valenciana.

El catálogo es todavía insatisfactorio, pero ya me ha permitido acceder a algunos libros interesantes, como Las letras entornadas, de Fernando Aramburu, una colección de ensayos sobre diversos aspectos de la lectura y la creación literaria.

Los textos agrupados en Las letras entornadas se van mostrando mediante este artificio: el autor tiene un encuentro semanal, amenizado por la degustación de excelentes vinos, con el Viejo, un hombre solitario y amante de la lectura, con quien habla de literatura y a quien lee sus artículos relacionados directa o indirectamente con los temas de sus conversaciones. Algunas de ellas nos muestran hechos de la biografía de Aramburu.

Podría destacar textos que me han interesado especialmente, como “Hacer leer a un niño sin romperlo”, sobre la lectura y la educación literaria; o “Gozo de releer”, sobre uno de los “placeres sabios”: la relectura de los libros predilectos; o “En la playa con corbata”, sobre la obra literaria y la actitud cívica de Thomas Mann; o “Padre a rachas”, sobre Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, al que Fernando Aramburu describe como “uno de los testimonios autobiográficos más hermosos y conmovedores que me ha sido dado a conocer sobre la relación paternofilial”; o “Del hombre pálido al piel roja”, sobre los diarios de Juan Gracia Armendáriz, que “muestran la personalidad de un hombre valeroso, elegante en la forma de afrontar desde la literatura la calidad de sus penalidades y de ensalzar, a pesar de la angustia y el dolor, la vida propia y la de tantos otros compañeros de padecimiento”; “Elegía exultante”, sobre el placer de la relectura de La destrucción o el amor, de Vicente Aleixandre; o, en fin, “Una meditación sobre poesía”, con afirmaciones como esta: “El poeta [la voz que habla en el poema] es el ser humano en general. En él se expresa un yo de baja densidad anecdótica, despojado de rasgos singulares aunque haga manar la poesía desde el fondo de su intimidad; un yo, por tanto, susceptible de ser transferido a toda la especie”. (La negrita la he puesto yo).

 “Algún día escribirás sobre esto”

Pero ahora me inclino más a hablar de otro artículo del libro: “Terrorismo y mirada literaria”, ya que está relacionado con el gran éxito de la novela de Aramburu, Patria (que, si bien cuando se escribió este texto todavía no existía, ya se estaba gestando, como veremos,). “Terrorismo y mirada literaria” es la reflexión que, a modo de discurso, Fernando Aramburu leyó con motivo de la recepción del premio de la Real Academia Española por su libro de cuentos Los peces de la amargura.

Aramburu le lee al Viejo este discurso tras informarle de las circunstancias que le llevaron a la decisión de escribir sobre la violencia terrorista y del dolor de sus víctimas. El escritor recuerda una tarde lluviosa y fría de 1984 en la que, tras el asesinato del senador Enrique Casas en su domicilio, formó parte “de la hilera de personas que presenció la llegada del féretro con los restos mortales del asesinado al local de la Casa del Pueblo”, militantes de izquierda, “avezados en la lucha sindical y contra la dictadura de Franco”.

Pues bien, en esa terrible circunstancia, Aramburu tomo una decisión, según le confiesa al Viejo: “Me dije mientras observaba a toda aquella gente atribulada: algún día escribirás sobre esto”. La decisión obedecía, en parte, a la lectura de El hombre rebelde, de Albert Camus: esta lectura “afianzó en mí el compromiso de hacerme en todo momento responsable de mis acciones y, en consecuencia, también de mis palabras”.

 Los peces de la amargura y Patria

En su discurso de la recepción del premio, Aramburu afirma que “la violencia duradera y próxima no deja de interpelar a cada uno”: ningún ciudadano queda exento de adoptar una postura ante la dicotomía cruel de víctimas y de agresores, aunque es verdad que esta postura puede ser “cerrar los ojos a la tragedia, […] buscar cobijo en la indiferencia, en el recogimiento, en el exilio, y hasta tratar de ocultar o vencer el miedo aliándose con el agresor”.

La postura de Aramburu fue asumir el compromiso de dar “testimonio escrito de cómo se vivió, se sintió y se padeció individualmente el espantoso derrumbe moral de la sociedad” en que se crió.

Pero este testimonio no es únicamente una opción moral, sino también una opción artística, literaria, persuadido su autor de que “la circunstancia de que un escritor sea un hombre de paz, respetuoso con sus congéneres, no garantiza la excelencia artística de sus obras” y de que, por ello, la eficacia de su testimonio dependía de ser capaz de utilizar los recursos narrativos –artísticos– adecuados para mostrar los hechos y las palabras de quienes “infieren sufrimientos a otros hombres”, de quienes “aplauden sus acciones criminales o las justifican, las trivializan o les restan importancia”, de quienes esgrimen “excusas políticas, encaminadas a bruñir con una capa de presunto heroísmo lo que no es sino la aspiración a construirse un paraíso social con sangre ajena”. Y también para prevenir “el olvido calculado tras el cual acecha el futuro revisionista, el borrador profesional de huellas, el manipulador de los datos, el negador venidero de cuanto ocurrió”.

Este compromiso cuajó en Los peces de la amargura, conjunto de diez relatos en que se muestra a unos personajes dotados de “volumen humano” (nombres, rostros, señas personales, emociones y vivencias desgarradoras) situados en los escenarios de la vida cotidiana en los que actúan y hablan de sus emociones y de sus creencias. Patria tiene estas mismas características: personajes muy bien construidos, uno de cuyos méritos es contar con voces creíbles, que ayudan a dibujarlos y a hacerlos cercanos al lector. Creo que este es uno de los principales méritos de Fernando Aramburu: su excepcional oído para escuchar el lenguaje de la gente y para hacer hablar a sus personajes de un modo creíble, sin caer en los clichés costumbristas. La sensación que nos queda cuando leemos sus cuentos –y también Patria– no es que alguien –un narrador en nombre del autor– nos habla exponiendo sus posiciones éticas o políticas– sino que son los personajes con sus diálogos o actuando como narradores quienes nos permiten contemplar el horror y la miseria moral, y también las conductas de bondad y nobleza.

Si ya has leído Patria, te gustará leer Los peces de la amargura. Y si no, esta colección de relatos puede ser un buen modo –muy intenso ya- de acercarte a la novela.