poesía amorosa

Si me preguntarais qué poetas prefiero, me vendrían inmediatamente a la boca algunos nombres; enseguida me daría cuenta de que también podría  nombrar a otros, y todavía a otros… Pero hay un tipo de poesía, que está entre la que prefiero, que no va unida a ningún nombre. Hablo de los poemas que han llegado hasta nosotros a través de los cancioneros y que proceden de la primitiva lírica hispana.

También en el ámbito educativo creo que se ha de dar una gran importancia a estos poemas: su desnudez, su intensidad por todo lo que  se sugiere y se calla, sus temas eternos, su presencia en tantos poetas a lo largo de los siglos… todo ello hace que debamos considerar esta lírica como la base de la educación del lector de poesía.

A veces oímos decir que la educación literaria debería comenzar por las obras más próximas a nosotros, y, a partir de ellas, retroceder hasta el pasado. Yo no estoy de acuerdo.  Muchas obras contemporáneas no se entenderían sin sus referentes clásicos, tanto en la forma como en los temas. Creo que hay que ir en las dos direcciones: hay que conocer aquellas obras sin las que difícilmente podríamos entender los textos de ahora; y, al revés, a partir de un texto contemporáneo que sea significativo para el lector, retroceder hasta sus fuentes y alcanzar así una comprensión mayor,  del texto de hoy y del texto del pasado, que ya lo hemos convertido también en un texto de hoy.

La lectura, la recitación, la audición, la reescritura y el comentario de estos poemas son una buena forma de introducción en la poesía. Como en los microrrelatos, hay que hacer un esfuerzo por imaginar todo lo sugerido y no dicho. Además, hay que interpretar el simbolismo amoroso (las fuentes, los ríos, las plantas, los frutos…) que reaparecerá más tarde en la poesía neopopularista de Federico García Lorca, de Rafael Alberti, Miguel Hernández…, y que es un componente esencial de las letras del cante jondo.

En los talleres de escritura, los alumnos pueden familiarizarse con los principios de la versificación y con las formas elementales de la poesía popular. Pero también habrán de identificar sus temas y agrupar los poemas con criterios temáticos.

En estos poemas, será grato a los alumnos reconocer los temas relacionados con los diversos episodios de la experiencia amorosa, tan bien representados en ellos:

El sufrimiento por causa del amor que aguarda fatalmente al enamorado:

Dentro del vergel
moriré,
dentro en el rosal
matarme han

La invitación al amor, la cita amorosa:

Al alba venid, buen amigo,
al alba venid.

Y la impaciencia de la espera:

¡Ay, cómo tardas, amigo,
ay, cómo tardas amado!

La unión de los amantes:

En la fuente del rosel
lavan la niña y el doncel.

O la separación,  cuando la luz del día les sorprende:

Ya cantan lo gallos,
buen amor, y vete,
cata que amanece.

Las dulzuras del amor:

Besóme el colmenero,
que a miel me supo el beso.

O el desasosiego, la inquietud, el desvelo:

No pueden dormir mis ojos,
no pueden dormir..

Y la añoranza del amado ausente:

A sombra de mis cabellos
se adurmió:
¿si le recordaré yo?

Pero también el amor trágico:

Gritos daba la morenica
so el olivar,
que las ramas hace temblar.

Y el lamento por el amor perdido:

Que no cogeré yo verbena
la mañana de San Juan,
pues mis amores se van.

O por la falta de amor y la soledad:

¿Con qué la lavaré
la flor de la mi cara,
con qué la lavaré
que vivo mal penada?

O por la unión con  alguien a quien no se ama:

Desde niña me casaron
Por amores que no amé:
Mal casadita me llamaré.

Muchos de estos temas, una vez identificados, será fácil reencontralos en la canción popular actual, o en la poesía de autores más próximos a nosotros en el tiempo.