Francisco Aayala

Este verano he leído varios libros de memorias. Uno de ellos,  Autobiografía(s) (volumen II de las Obras completas de Francisco Ayala, en edición de Carolyne Richmond, publicado en Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)

Este volumen reúne tres libros (Recuerdos y olvidos (1906-2006); El tiempo y yo, o el mundo a la espalda (1992) y De mis pasos en la tierra (1998) cuya nota en común, en palabras de su editora, es “el yo – rememorativo, contemplativo, analítico, evocativo­– del escritor que desde diferentes perspectivas y épocas, con finalidades diversas, va examinándose y (re)descubriéndose, tanto a si mismo como al lector, en un amplio espejo autobiográfico cuyas hojas se complementan y se reflejan entre sí en un igualmente extenso juego de perspectivas que tiene como base la vida ­–física, mental y emotiva– del propio autor”.

En el prólogo, Luis García Montero, sitúa la obra autobiográfica de Francisco Ayala entre aquellas en que “los recuerdos pasan con facilidad de los ámbitos íntimos y privados a la escena pública donde se fraguaron los acontecimientos y los aires de una época”.

La escena pública en la que Ayala sitúa sus recuerdos y evocaciones ocupa buena parte del siglo XX, lo que nos permite seguir su mirada por el Madrid cultural y político de los años 20, por las aspiraciones de renovación de la República y la vanguardia literaria, por la guerra civil y el conflicto ético que suscitó, por la actividad intelectual de los exiliados españoles en Latinoamérica, por el regreso del exilio y los sueños democráticos.

En uno de los textos de De mis pasos en la tierra, “Pequeñas confesiones”, Francisco Ayala trata del papel de la memoria como medio para el conocimiento de sí mismo:

 Cuando ya esta vida se ha cumplido y toca sus postrimerías, puede el hombre volver la vista para observar como si fuese ajena, su propia imagen, interrogándose no sin extrañeza acerca de este personaje que, día tras día y año tras año, ha ido forjando con los materiales de su existencia terrenal. […] La mente se obstina en una inquisición ociosa de este personaje desconocido que pude haber sido, que en definitiva seré yo.

Como resultado de esta indagación, de este examen de conciencia, la historia de Francisco Ayala es, en palabras de García Montero, “la narración del adolescente, joven, hombre maduro y anciano que asume las responsabilidades de decidir como una consecuencia de su apuesta por la libertad”.