gramática condenada

En mayo próximo participaré en Getxolinguae  2013, que este año estará dedicado a la enseñanza de la gramática. Estoy preparando mi conferencia, que tendrá este título:  Si la gramática (no) fuera inútil. Historia de un largo debate. La primera parte de este título está tomada de uno de los capítulos de Los métodos naturales. Vol. I. La enseñanza de la lengua, de Célestin Freinet, obra en la que  se critica un modelo de enseñanza que coloca las reglas gramaticales en la base del estudio escolar de la lengua

Otro de los capítulos de esta obra se titula “La gramática condenada”.  En él se incluye una lista de citas de escritores y pedagogos, del ámbito francófono, que han hablado de la inutilidad de la gramática para el aprendizaje de la lengua. También en el ámbito iberoamericano muchos lingüistas y escritores se han manifestado en el mismo sentido: enseñar gramática no es enseñar lengua, es enseñar cosas sobre la lengua. Una amplia relación de ellos se puede encontrar en este artículo de Humberto López Morales. Uno de los ejemplos más conocidos es el de Américo Castro, del que reproduzco unas palabras:

Una primera confusión que conviene remover es la idea absurda de que el idioma se enseña estudiando gramática […] La gramática no sirve para hablar y escribir correctamente la lengua propia, lo mismo que el estudio de la fisiología o de la acústica no enseñan a bailar, o que la mecánica no enseña a montar en bicicleta. Esto es de tal vulgaridad que avergüenza tener que escribirlo una y otra vez; pero […] como el hacer aprender a los niños la gramática produce vulgarmente la impresión de que se enseña así el lenguaje materno, no hay sino insistir una y mil veces sobre el mismo asunto.

Américo Castro: “La enseñanza del español en España”, en Álvarez Méndez, J. M. (1987): Teoría lingüística y enseñanza de la lengua. Textos fundamentales de orientación interdisciplinar. Madrid: Akal.

Humberto López Morales, en el artículo citado, afirma que esta “condena” de la gramática hay que entenderla en un contexto con estos dos rasgos: la enseñanza de conocimientos gramaticales sin relación con los usos verbales e irrupción en la enseñanza  de diferentes teorías gramaticales (“mal digeridas muchas veces, comprendidas a medias, lo que normalmente suele acarrear unas extrañas simbiosis terminológicas, una inexplicable mezcla de principios teóricos”). Sin este contexto, el juicio sobre la función de los conocimientos gramaticales sería muy diferente.

Por mi parte, estoy convencido de que la condena de la gramática sin más no ayuda a buscar una salida. La enseñanza acrítica de la gramática sigue ocupando un lugar importante en las aula y en los libros de texto; también en materiales y actividades que se difunden en la Red y que pasan muchas veces por innovadores. Esta resistente presencia no se quiebra con condenas generales: hay que clarificar para qué pueden ser necesarios los conocimientos gramaticales, cuándo llevarlos al aula y, sobre todo, cómo los integramos con el aprendizaje de los usos verbales.