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Aguas Vivas Catalá y Enriqueta García Pascual, profesoras de Educación Secundaria jubiladas, llevan muchos años trabajando sobre lenguaje y sexismo. El libro que aquí reseño, Ideología Sexista y lenguaje (Galaxia-Octaedro) recoge las conclusiones a las que llegaron hace ya más de veinte años (el libro se publicó en 1995). Pero Aguas Vivas y Enriqueta han seguido trabajando en este asunto: hace pocos días presentaron sus últimas reflexiones en un seminario organizado por varias profesoras del Departamento de Didáctica de las lenguas de la Universidad de Valencia. Esta noticia me ha llevado a releer su trabajo y a escribir este post.

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El trabajo de estas dos profesoras se basa en los siguientes postulados:

a)  El lugar teórico apropiado para situar las relaciones entre sexismo y lenguaje no es el sistema de la lengua (el no paralelismo entre los géneros gramaticales masculino / femenino), sino el discurso, el uso de la lengua por parte de los hablantes en determinados contextos; uso que está condicionado por una determinada concepción del mundo (creencias, valores, prejuicios estereotipos…). Los fenómenos lingüísticos sexistas se consideran, pues, fenómenos discursivos.

 b) No se está de acuerdo con dos ideas muy extendidas:

  •  que el problema fundamental del sexismo lingüístico es la ocultación de la mujer;
  • que esta ocultación se debe al abusivo uso del género gramatical masculino, propiciado por el no paralelismo entre los géneros masculino / femenino.

El problema no es tanto la ocultación de la mujer como la forma en que la mujer está presente en el discurso.

c) El análisis de los fenómenos lingüísticos sexistas se ha de centrar en la forma de los discursos, para descubrir cómo ha cristalizado la ideología en el uso colectivo del lenguaje. Así, se han de tener en cuenta las “formas de estructuración discursiva, de selección, de disposición de los elementos textuales que repiten en los discursos acerca de los seres humanos en general, o de mujeres o varones, ya sea como individuos o como colectivos específicos”.

Sobre estas bases, las autoras identifican y analizan los siguientes fenómenos lingüísticos sexistas, que ejemplifican con usos tomados de la prensa de la época en que fue escrito el trabajo (no indicamos en este post las fuentes por estar suficientemente citadas en el trabajo que reseñamos):

1. La denominación disimétrica

Las mujeres son nombradas como colectivo sexual indiferenciado o por su condición de pertenencia al mismo, mientras que los varones son nombrados por lo que hacen por su posición en contextos públicos o por su condición social:

 Tres mujeres premiadas en el Festival de cortometrajes de Alcalá de Henares (en vez de “Tres cineastas…).

Mujeres , sanitarios y abogados piden una reforma urgente de la Ley de interrupción del embarazo (en vez de “Feministas, sanitarios y abogados…”).

2. Disimetría en los adjuntos al nombre

Se pueden encontrar numerosos grupos nominales cuyo núcleo es el sustantivo “mujer” con un adjunto adjetivos o un sustantivos: “mujeres sacerdotes”, “mujeres soldados”, “mujeres guardias-civiles”, “mujeres árabes”, “mujeres militares”, “mujeres empresarias”. Como se puede apreciar, en estas construcciones “la identificación social o profesional queda en segundo término, por debajo de su condición como género/sexo femenino”. En cambio, el término “varón”, las escasas veces que aparece, figura como adjunto de sustantivos que denotan el papel social de la persona aludida, poniéndolo de este modo en primer plano.

3. Uso del masculino sin especificar que se hace referencia solo a los varones

Frente al uso innecesario por redundante del término “mujeres”, es frecuente usar el masculino, con valor restrictivo, sin especificar que el campo de referencia son solo los varones:

 Defensa admite que solo el 15% de los jóvenes está a favor de la mili.

El autor del titular presupone que el lector va a asociar espontáneamente la opinión del servicio militar únicamente con los jóvenes varones. La intención comunicativa ha sido hablar solo de varones, pero no se ha expresado de forma explícita, con ello se propicia, según las autoras, “el solapamiento de la clase universal con la clase de los varones”

 4. La restricción semántica por el uso del género gramatical femenino en vez del masculino genérico

Examinemos este texto:

 Un cuadro de Frida Kahlo se subastará por 100 millones de pesetas […] El precio de salida confirma que Kahlo es la artista latinoamericana más cotizada del momento.

¿De qué se nos informa aquí? ¿De que Frida Kahlo era la más cotizada de las artistas latinoamericanas? En el mismo texto, un poco más adelante se afirma que “otro de sus lienzos […] alcanzó […] la cifra de 170 millones, la cantidad más alta pagada por un cuadro latinoamericano”.

Las autoras concluyen que de lo que se está informando es de que Kahlo es el artista latinoamericano más cotizado del momento. Es decir, se ha usado el género gramatical femenino cuando lo correcto hubiera sido el uso del masculino genérico, pues lo que el escritor quiere es situar a Frida Kahlo en el ámbito referencial del conjunto de los artistas latinoamericanos, tanto mujeres como varones. Al usar el femenino se ha restringido el campo de referencia a las artistas mujeres.

El uso del género gramatical masculino, en el contexto del texto anterior, “no solo no ocultaría a las mujeres sino que, al contrario, las pondría en el lugar que les corresponde, haciéndolas emerger como individuos […] Lo que reduce el protagonismo de la mujer, lo que la ‘oculta’ en estos casos, es el mal uso del género gramatical femenino que las priva de significado universal, que las constriñe a los límites del género-sexo femenino”.

 5. El salto semántico:

Observemos:

 Los gibraltareños tienen todas las ventajas peninsulares (mujeres, sol, vino y música)

¿Qué ha ocurrido en este texto? El escritor ha usado un masculino genérico para hacer referencia a mujeres y varones (“los gibraltareños”), pero a continuación hay un enunciado en el que la referencia se restringe a los varones   (“mujeres, vino…”, se asocia al mundo masculino). Se ha producido un salto semántico: se ha pasado de lo universal (mujeres y varones) a lo masculino con exclusión de las mujeres.

Las autoras del trabajo advierten de que para que haya salto semántico no es necesario que se haya usado el masculino genérico, sino que el sentido del texto indique que se está hablando genéricamente de hombres y mujeres. Para mostrarlo, analizan un texto con el título de “El tráfico”, cuyo tema de “los problemas de la circulación” afectan a cualquier individuo. Esta referencia genérica se expresa mediante un “nosotros” que incluye a los lectores (hombres y mujeres), oraciones impersonales o palabras como “gente”: “ahora que estamos de vacaciones”, el impuesto que pagamos”, “se circula”, “en París, la gente aparca”.   Pero más adelante, el autor se despeña por el precipicio del salto semántico cuando afirma “y a uno no le permiten detenerse ni para que baje su mujer…”. La palabra “uno” hay que interpretarla en el contexto descrito con valor genérico, sin embargo el resto del enunciado pone en evidencia que se ha restringido al campo de referencia de los varones.

6) La referencia androcéntrica

Este fenómeno es considerado por las autoras como una variante del salto semántico. Veamos primero el ejemplo, tomado de una columna periodística titulada “Selectividad”:

 Miles de muchachos se están jugando en estos momentos su futuro. Sin haber hecho la mili siquiera.

Cualquier lector interpreta que “muchachos” se refiere a mujeres y a varones. Sin embargo, a continuación el autor usa un enunciado en el que ya solo se refiere a los varones.

Conclusiones

Se constatan muchos hechos lingüísticos sexistas, es decir, que reflejan “la relación de los sexos en la sociedad patriarcal y la posición de la mujer en dicha relación”. Pero el sexismo lingüístico, como han mostrado los ejemplos examinados, no depende del sistema gramatical en el que no hay paralelismo entre los géneros gramaticales (uso genérico o específico del masculino y uso solo específico del femenino). Conviene, al respecto, releer el artículo de Ignacio Bosque Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, con cuyo contenido estarán seguramente de acuerdo las autoras del trabajo que estamos analizando.

Los ejemplos examinados muestran que el sexismo del lenguaje se manifiesta en el uso de la lengua, en construcciones que evidencian y transmiten ideología sexista. Por tanto, las recomendaciones para un uso no sexista del lenguaje tendrían que tomar un rumbo diferente del seguido hasta ahora.

A lo largo de este trabajo, las autoras no sólo ponen de relieve que ciertas construcciones verbales se deben a una ideología sexista, que ha cristalizado en dichos usos, sino que fenómenos como los de la restricción semántica por el uso del género gramatical femenino en vez del masculino genérico, el salto semántico o la referencia androcéntrica suponen, además, formas inadecuadas e incoherentes de comunicación. En consecuencia, estos usos deberían ser objeto de reflexión en la clase de lengua.

Deseo y espero conocer los avances del trabajo de Aguas Vivas y de Enriqueta en los últimos años, avances que expusieron en el seminario al que me he referido más arriba y al que me fue imposible asistir.