El miércole 25 de junio regresaba de Cuenca en tren, tras participar en el curso La lectura en un mundo tecnológico. Cansado, pero muy contento por el interés de los asistentes al curso y por la amistad fortalecida con su director, Lino Barrio, y por la iniciada con José Noriega, editor de El gato gris.

El tren Madrid-Valencia, por Cuenca, es insufrible: lento, traqueteante, sucio…  Pero el paisaje es muy bello en muchos tramos, y la tarde subrayaba tanta belleza… Así que me entregué a la ensoñación y  a la melancolía… Pero saqué la brida de la métrica y me puse a domar las emociones con la férrea disciplina del haiku.

Este fue el resultado:

En los rastrojos
nos ven pasar, curiosas,
las amapolas.

Arriba, nubes
con gesto de distancia.
Miran piadosas.

Campos adustos.
Pero se acerca el júbilo
de los viñedos.

Pinos, carrascas,
círculos de rastrojos.
Late la tarde.

El traqueteo
del tren ara los campos
como una brisa.

Dentro del túnel
me asalta la memoria
de un niño ebrio.