Me gustaría abrir un museo de los contenidos de lengua fosilizados (¡hay tantos!). Empezaría por los más prestigiados gracias a su pretendida proximidad con los enfoques comunicativos (¡puaf!, otro término fosilizado): el esquema de la comunicación, las funciones del lenguaje, la variación lingüística… ¡las tipologías textuales! Éste es el contenido más recientemente incorporado a  los trastos inútiles de esta asignatura (materia, disciplina…).

Los últimos serán los primeros. Transcribo este fragmento del artículo de Bernard Schneuwly “Diversification et progression en DFLM: l’aport des typologies” (en catalán en Articles, nº 4, 1995). Traduzco:

Dos conclusiones se imponen a la lectura de las propuestas tipológicas [examinadas]:

a) Las tipologías corresponden a un interés de investigación particular, ninguna pretende (o no puede pretender) reflejar el orden real de los textos producidos en nuestra sociedad; se trata de construcciones de objetos de conocimiento que tienen como meta la comprensión de ciertos fenómenos precisos y limitados.

b) Las tipologías son aún muy provisionales; se contradicen parcialmente, sobre todo en los campos de exploración vecinos […], cambian muy rápidamente […] y plantean frecuentemente cuestiones insolubles de clasificación de un texto dentro de un tipo […]

Las propuestas tipológicas, deductivas por naturaleza, están, por su apariencia cerrada y completa, mucho más expuestas a una utilización con fines didácticos que las descripciones empíricas. Sin embargo, el estado poco avanzado de los trabajos en el dominio que nos interesa aconseja una extrema prudencia.

Las tipologías de textos tal como existen actualmente no han de convertirse en objetos de conocimiento por los alumnos. En nuestra opinión sería peligroso que tuvieran que aprender unas clasificaciones extremadamente abstractas si ser las compara con los textos que leen.