gramatic

De izquierda a derecha: Toni Solano, Adela Fernández, Marimar Pérez, Marcos Cadenato, Irene González, Carlos Diez, Lourdes Domenech y Felipe Zayas.

El post de Tres Tizas La gramática no ha muerto me ha animado a continuar publicando en el blog. En realidad lo tenía decidido desde hace un tiempo, pero me faltaba el empujón definitivo.

En los comentarios al post citado se me incita a intervenir. Así que, ¿por qué no exponer mis opiniones en mi propio blog y así comenzar una segunda etapa de “Darle a la lengua”?

El propósito del post de Marcos Cadenato era denunciar las actuaciones de algunos gobiernos autonómicos, como el de la Comunidad de Madrid, que ponen en riesgo la calidad de la educación, y también los argumentos que utilizan para justificar estas actuaciones, como que el profesorado trabaja pocas horas, etc.

Frente a esta visión del profesorado que políticos conservadores tratan de difundir, Marcos destacaba la pasión, el entusiasmo, el compromiso de aquel puñado de profesores de lengua y literatura que, en grata camaradería, nos entregamos durante horas a debatir las cuestiones eternas de la enseñanza de nuestra materia: el lugar de la gramática, de la historia literaria, etc.

Y en medio de una de las tertulias surgió la frase que sirvió de leitmotiv y que recoge también Maru Domenech en su blog ¿La gramática ha muerto?

Marcos describe la situación de este modo:

En una de las cenas, medio en serio, medio en broma, comenzamos a hablar en torno a la posibilidad de que la Gramática estuviera muerta, como se había podido leer en un tuit que circulaba por Twitter unos días antes a la celebración del Congreso. Lógicamente lo de menos es quién defendía una postura u otra; lo de más, que mantuvimos una animada charla sobre cuestiones gramaticales (las funciones del lenguaje, el sintagma nominal, los titulares en la prensa…), absolutamente inútiles para unos; utilísimas, para otros. Quizá una persona ajena a esta profesión y a esta especialidad se horrorizaría de estar sentada en semejante mesa, pero lo que quiero destacar es que -al margen de gustos personales- aquellos profesores seguían hablando de su trabajo y de trabajo durante ese momento de relajo… Hay quien lo entiende y hay quien no, evidentemente… En palabras de nuestra amiga y admirada Lu Domenech “esas risas a costa de la gramática no se me van a olvidar en mucho tiempo. ¡Como niños, vamos!” Es admirable que, tras un largo día de trabajo y colaboración -un tanto fatigados por todo lo vivido, oído, conversado, escrito y leído- aún quedaran fuerzas para hablar de Gramática y, además, disfrutar como niños… Mientras haya profesores que disfruten de una conversación sobre Gramática durante una cena y la continúen horas más tarde, no hay ninguna duda: “la Gramática no ha muerto”, menos aún “la gramática parda”, y lo que es aún más importante: hay motivos suficientes para estar orgullosos de muchos de los profesores que conforman el tejido educativo actual.

Hasta aquí, la descripción de Marcos, en la que destaca el clima de jovialidad, de bienestar compartido, de discusión de asuntos serios en tono jocoso…

Por mi parte, había pensado en exponer aquí de forma sucinta, y ya fuera del contexto de aquellos divertidos debates, cuál es mi posición sobre el papel de la gramática en la clase de lengua. Pero son suficientemente conocidas por los que han seguido mi blog y las publicaciones en las que he tratado estos temas. Y por supuesto, de los contertulios de aquella noche. Además ahora me da pereza volver a decirlas aquí (que conste que había empezado). Así que dejo el enlace con la categoría “Gramática” de este blog.

Pero sí que me referiré a una de las cuestiones que aparecieron aquella noche memorable. Fue cuando me encaré con mis contertulios (dando una vuelta de tuerca al papel que me asignaban de maestro cascarrabias) y les advertí más o menos con estas palabras:

“Y tenéis que saber que muchas de las actividades que proponéis con las TIC no son sino formas de enmascarar y hacer digeribles muchos de los contenidos de la asignatura que están fosilizados, se imparten dogmáticamente, no se justifican desde los objetivos de nuestra asignatura, etc., etc., etc.”

Menos mal que eran amigos (creo que no perdí ninguno esa noche), y a pesar de la pasión que yo le echaba (casi era una imprecación) entendieron que no se trataba de descalificar, sino de plantear problemas, de hacer pensar (pensar juntos, conversar).

Me fui a la cama temiendo haberme pasado.

Pero ahora no puedo dejar de recordar, que al día siguiente, en la terraza del Gaudeamus, la misma que aparece en la foto de arriba, Lourdes Domenech (Lu) nos confesó que se había ido inquieta, que le había dado muchas vueltas y que creía que yo tenía razón… Estábamos usando las TIC para hacer interesantes enseñanzas que no tenían mucho sentido…

A Lu siempre le he tenido una devoción especial… Pero en ese momento, su inquietud profesional entre canapés y cañas, sus escrúpulos, me produjeron ternura, y la sentí mucho más próxima.

Que Lu no se inquiete. En esa búsqueda de caminos que estamos haciendo, aun en los extravíos, estamos introduciendo aprendizajes diferentes, no previstos en esos “librosdetesto” que pretendemos demasiadas veces hacer compatibles con nuestras propuestas imaginativas.