Nueve cuentos fantásticos

 

Recibo el enlace al folleto  “Nueve cuentos fantásticos” junto con este texto:

Con los estudiantes de diversificación llevo unos años escribiendo cuentos fantásticos utilizando tus materiales didácticos. Este curso los hemos subido a ISSUU. Como, en gran parte, eres responsable de lo bueno que puedan tener, te envío el enlace para que los leas.

Me los envía Belén Fanco, profesora del IES Baleares, de Valencia, quien ha dirigido el proyecto. Mi “responsabilidad” en él, supongo que consiste en haber elaborado la secuencia didáctica “El cuento fantástico”, que fue apareciendo en uno de mis blogs de aula y posteriormente fue reelaborada y publicada en el blog colectivo El Tinglado.

En la última página del folleto, Belén nos informa sobre el modo de llevar a cabo el proyecto:

A partir de diversas circunstancias personales, los alumnos inventan los argumentos, los discuten y los enriquecen entre todos. Buscan elementos fantásticos en diferentes cuentos de Poe, Pardo Bazán, Maupassant, Anderson Imbert, Benedetti, Cortázar, Ocampo, etc.

Los borradores se leen en voz alta, una y otra vez, en clase; se añaden diálogos y descripciones. Con la colaboración de todo el grupo, se van corrigiendo hasta llegar a la versión definitiva.

Quienes hemos trabajado de este modo sabemos del gran esfuerzo que hay detrás de cada texto final. Por parte de los profesores, es necesario planificar la secuencia de actividades, seleccionar textos adecuados que sirvan de modelo  a los alumnos, proporcionar cuidadosamente las instrucciones para el trabajo, elaborar actividades sobre aspectos particulares (el diálogo, la relación entre tiempos verbales, la puntuación…),  diagnosticar los errores y convertirlos en oportunidades de aprendizaje, dinamizar y regular las interacciones dentro del grupo, etc.

Por parte de los alumnos, es necesario tener clara la finalidad del proyecto y mantenerla en todo momento como guía, leer y analizar textos modelo para tener un buen conocimiento del género, estar dispuestos a revisar los borradores y a mejorarlos, aprender aspectos concretos sobe el texto narrativo y el género del cuento fantástico y ser capaces de aplicarlos al relato que se está escribiendo, interactuar con los compañeros para resolver juntos problemas y dificultades, etc.

¿No es todo esto “cultura del esfuerzo”? Pero, ¿es esta la “cultura del esfuerzo” que reclaman los políticos (y tertulianos) conservadores?