pirls 2006

Imagen tomada de la cubierta de PIRLS 2006

Afirmábamos  en un post anterior que el actual modelo de enseñanza de la literatura, la explicación de la historia literaria nacional, nació para satisfacer unas necesidades  que ya no son las de hoy y que  por ello hace décadas que ha entrado en crisis, sin que hayamos sido capaces de  construir un modelo alternativo.

Este nuevo modelo ha de responder a lo que hoy entendemos que son los objetivos educativos en la enseñanza de la literatura: la educación literaria, es decir, la formación de lectores literarios.

¿Qué destrezas, qué conocimientos están implicados en la educación literaria?

A partir de los trabajos de Teresa Colomer (ver La formación del lector literario ) se pueden establecer dos grandes objetivos:

  • Suscitar la implicación y la respuesta afectiva de los alumnos en relación con los textos de ficción.
  • Hacer progresar a los alumnos en la complejidad interpretativa de los textos, mediante el conocimiento de las convenciones (temáticas y formales) de la tradición literaria.

Hemos explicado el sentido de estos dos objetivos en el noveno capítulo de La competencia lectora según PISA ). Reproducimos a continuación la parte del capítulo que trata de ello.

El primero de estos dos objetivos es un requisito para que se produzca la experiencia literaria, que para el Estudio Internacional de Progreso Comprensión Lectora (PIRLS) consiste en  “involucrarse en eventos, contextos, acciones, consecuencias, personajes, ambientes, sentimientos, ideas e imaginarios, y disfrutar del lenguaje”.

El segundo objetivo está relacionado con el primero, pues para comprender y apreciar la literatura, el lector no sólo ha de tener un conocimiento de las convenciones y procedimientos de la tradición literaria, sino que debe aportar su propia experiencia y sus emociones.  La finalidad de la educación literaria no es proporcionar a los alumnos conocimientos sobre un patrimonio literario o enseñarle los procedimientos del análisis literario, sino aumentar sus posibilidades de entender los textos y de disfrutar de ellos. Una imagen usada por Francisco Rico en la introducción a La poesía española. Antología comentada (Círculo de Lectores) lo explica muy claramente:

Un buen poema es como una buena casa: con alguna instrucción previa, todos podemos comprobar si los materiales son de calidad, si están acertadamente utilizados, si la distribución es cómoda: pero otra cosa es que nos guste la idea de vivir ahí.

Este modo de entender la educación literaria  proporciona los criterios didácticos generales para la formación del lector literario: por una parte,  la enseñanza de la literatura ha de propiciar la experiencia literaria  del alumno basada en su implicación con los textos, en su descubrimiento de que las palabras que alguien escribió en otro tiempo, en otro lugar, tiene que ver con él y su relación con el mundo;  por otro lado, esta lectura no puede ser libre y autónoma, sino guiada (pero con el objetivo final de pueda llegar a ser libre y autónoma).

Pero, ¿qué significa “guiar las lecturas”? Significa, por una parte, mostrar, ofrecer, invitar…, para facilitar de este modo la experiencia literaria.  Pero también significa (y esto es lo que diferencia la clase de literatura de las actividades de fomento de la lectura en el centro educativo) llevar de la mano, ayudar  a salvar obstáculos, enseñar a salvarlos cuando ya no se tenga un guía. La educación literaria implica, pues, también instrucción, aprendizaje, conocimiento de estrategias de lectura e interpretación.

¿Qué conocimientos son necesarios para que los lectores puedan interpretar y dar sentido en el presente a unos textos que fueron escritos en otros contextos? Estos contenidos educativos son de dos clases:

  • conocimientos sobre la tradición literaria, en una doble dirección: los temas o tópicos que recorren la historia literaria, mitos y arquetipos literarios,  temas de la visión romántica del mundo, la experiencia amorosa en la literatura, el viaje de iniciación, etc.; las formas convencionales: las convenciones de género, los procedimientos retóricos, etc.;
  • conocimientos relacionados con contextos histórico-culturales.

El problema didáctico consiste en determinar qué conocimientos de estas dos clases son pertinentes, con qué dosis hay que introducirlos, en qué momento, de qué modo… para que el objetivo fundamental de la educación literaria –la ampliación de las posibilidades de lectura autónoma de los alumnos- se logre.