Una de las cosas que más desmoralizan a los profesores de literatura es la extrañeza o la animadversión que, en general, muestran nuestros alumnos ante los poemas.

Si enseñar a comprender un texto expositivo, un relato que se salga del modo prototípico de contar una historia, un artículo de opinión… es una tarea realmente difícil, proporcionar a los alumnos alguna clave de comprensión de los poemas parece una misión casi más ardua que la que animó el viaje de los Argonautas.

Ante la incomprensión, el desinterés, la interpretación descabellada que los adolescentes dan a los poemas que se les entrega, muchos profesores se sienten, no ya desanimados, sino francamente enfadados por creer que lo que consideran insensibilidad de los alumnos es una afrenta que se les inflige.

¿Hay algún camino? ¿Algún procedimiento? ¿Alguna estrategia que pueda acercar a los jóvenes a la poesía?

Voy a esbozar algunos criterios que me parecen imprescindibles para guiar a los jóvenes hacia la comprensión de los poemas:

  1. El poema no sólo hay que leerlo en silencio: hay que oírlo. Y también hay que decirlo. Hay que disfrutar de su sonoridad y de su ritmo. El profesor ha de presentar los poemas en su forma oral: bien declamándolos él mismo, bien recurriendo a grabaciones. Y ha de invitar a los alumnos a declamarlos.
  2. Lo importante no es la “sabia” explicación del profesor (que la mayor parte de las veces el alumno no entenderá ( a veces, no oirá); el acceso al poema comienza con las intuiciones del alumno: ¿qué ha entendido? ¿qué ha sentido? ¿de qué cree que nos está hablando?
    Estas intuiciones servirán al profesor para dirigir a los alumnos, mediante el diálogo, hacia aspectos relevantes del poema.
  3. Un momento importante será conseguir que los alumnos “miren” la forma del poema para profundizar en su sentido: las antítesis, los paralelismos, los símiles, el contraste de tiempos verbales, el ritmo entrecortado por los encabalgamientos… No se trata de identificar figuras retóricas, sino de darse cuenta de que observar el modo de estar hecho el poema nos lleva a entenderlo mejor.

¿Por qué hablo de todo esto? Pues porque esta semana he iniciado una unidad didáctica sobre poesía con mis alumnos de Compensatoria. Y, una vez más he constatado la extrañeza de alguno, el rechazo de otro, el deseo de declamar (de forma un tanto histriónica, es decir, de acuerdo con la idea que se tiene de cómo hay que leer la poesía) de otro…

En otro post explicaré el proyecto de trabajo y contaré algunos detalles de mis diálogos con mis alumnos. De momento, solo quiero decir que sus dificultades de comprensión (incluso el rechazo), lejos de hacerme despreciarlos o considerar que “no me merecen”, me estimulan y me hacen disfrutar enormemente de las clases.