1. Presentan los conocimientos de forma dogmática.
  2. Imponen los saberes, no incitan ni ayudan a construirlos.
  3. Más que divulgar los conocimientos, los vulgarizan y trivializan.
  4. O se pasan veinte pueblos con el dichoso “nivel”.
  5. Sustituyen cualquier otra fuente de información: donde esté “el libro” son innecesarios los demás libros.
  6. Presentan una estructura rígida, que no facilita la adaptación de las situaciones de aprendizaje al contexto.
  7. No fomentan la iniciativa del profesorado.
  8. Adquieren un valor prescriptivo: marcan la programación y su seguimiento.
  9. Se elaboran y distribuyen con criterios de mercado, no pedagógicos ni sociales.
  10. Sobreviven a cualquier cambio curricular: su capacidad camaleónica de adaptación desvirtúa toda innovación que se intente por vía del currículo.