Cuando descubrí los marcadores sociales, me interesaron inmediatamente los procedimientos para elegir las etiquetas. En aquellos días (hacia 2008) descubrí blogs como Deakialli Documental, de Catuxa Seoane, que me llevaron a otros blogs de bibliotecarios y documentalistas, me abrieron vías de reflexión y me ayudaron a situarme.

Fruto de aquellas lecturas fue caer en la cuenta de que, a diferencia de cómo trabajan los documentalistas, que siguen unas pautas técnicas muy precisas y un lenguaje controlado para describir y catalogar los documentos, los usuarios de internet etiquetamos de un modo libre, espontáneo e intuitivo, sin atenernos a un listado cerrado de categorías ni a descriptores dotados de una forma lingüística precisa e inalterable. Se ha argumentado que el uso espontáneo y libre de las etiquetas es una característica que define los marcadores y que es un valor que no se debe perder. Pero esta práctica no profesional de la descripción de documentos puede ocasionar problemas a la hora de recuperar la información.

Algunos de los problemas de etiquetado se derivan del hecho de que algunos servicios de marcadores sociales, como Delicious, no permiten más que una palabra para cada etiqueta. Y sin embargo muchos usuarios usan grupos de palabras, por ejemplo geografía física. Ante ejemplos como éste se ha debatido si conviene unificar los procedimientos de marcado, como el uso de guión bajo, muy extendido ya entre los usuarios. El mismo criterio sería aplicable, por ejemplo, a poesía_medieval, poesía_renacentista, poesía_contemporánea, etc. Y también a expresiones como cambio_climático, movimientos_migratorios, sistema_solar, línea_del_tiempo, mapas_políticos, competencia_lectora, o a los nombres de escritores, personajes históricos, etc. (García_Lorca, Miguel_Hernández, García_Montero, etc.). ¿Cabe esperar que sea la práctica misma de los usuarios la que vaya imponiendo normas reguladoras?

Los propios servicios resuelven muchos de estos problemas al permitir la búsqueda mediante varias etiquetas, o al identificar las palabras clave en los títulos y en los comentarios de los documentos guardados. En otros servicios de marcadores, como Diigo, no existe este problema, puesto que se permite etiquetar con varias palabras encerradas entre comillas.

Más importante es tener en cuenta el siguiente hecho: al poner etiquetas, nos movemos entre la clasificación y la descripción. A veces clasificamos. A veces describimos. Y a veces, y esto es lo más útil, clasificamos y describimos. Si un documento se marca como geografía, se está clasificando por áreas curriculares. Pero si se escribe mapas, se está describiendo un aspecto de su contenido.

Las etiqueta típicamente clasificadoras son las que responden a la pregunta “qué es”, aplicada al documento u objeto que queremos clasificar: la respuesta se referirá a una clase de herramienta (una determinada aplicación web, como las presentaciones o una utilidad, como CSS), a un medio de comunicación (blog, portal, club de lectores o a un género de texto (post, minirrelato, entrevista…). También tienen un carácter clasificador aquellas que responden a la pregunta “de qué trata” y tienen un carácter muy general, por ejemplo, las que se refieren a una determinada disciplina o área de conocimiento (geografía humana), o a un tema general (movimientos migratorios). En cambio, son etiquetas descriptivas las que, como se ha señalado más arriba, se refieren a algún subtema o a algún aspecto concreto del contenido que conviene tomar en cuenta. Siguiendo con los ejemplos anteriores, natalidad o multicultarismo podrían ser subtemas dentro de un documento cuyo tema general fuera movimientos migratorios.

Además de estos tipos de etiquetas, centradas en las características de los documentos, se pueden utilizar otras que se refieren a los objetivos de los usuarios, por ejemplo la finalidad que se le va a dar al documento marcado (para resumir, para materiales 3ºESO). Evidentemente, la utilidad de este tipo de etiqueta queda limitada al uso personal. Pero también puede jugar un papel importante en el marcado de documentos por los miembros de un grupo de trabajo.
(Sobre los tipos de etiquetas, ver el post “Investigación online (2): Etiquetado útil de enlaces en del.cio.us y similares”, en Idumm blog, que me ha orientado en este punto del post)

etiquetas

Parece, pues, que lo más útil es combinar la categoría (clasificación de un documento por su tema general, por el área de conocimiento o de la actividad humana al que pertenece, por el género o clase de documento o de herramienta…) con otras palabras clave que aludan a algunos de los contenidos significativos del documento (descripción). A estos tipos de etiquetas, centradas en las características del documento, se pueden añadir otras con información centrada en los propios objetivos o en los de un grupo de trabajo.

Esta diversidad de tipos de etiquetas facilita la búsqueda mediante etiquetas relacionadas.

Quizá, llegados a este punto, resulte ya inútil preguntarse por qué es preferible usar los marcadores sociales a la hora de buscar información en Internet, en vez de usar Google u otros buscadores. La respuesta parece clara: por una parte, los marcadores nos llevan a una selección de documentos hecha previamente por otros usuarios, lo que nos permite buscar lo que nos interesa dentro de una selección que otros ya han hecho, y eso nos puede facilitar las cosas; y, por otra, los marcadores sociales no sólo sirven para buscar información, sino para seleccionarla, archivarla y recuperarla.