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En muy pocos días, varios blogs se han ocupado de la coexistencia problemática entre el viejo libro de papel y los nuevos libros destinados a la pantalla. J. A. Millán escribe Por qué he escrito este arículo, texto en el que habla de su artículo, publicado en El País, El buen libro de papel. En este artículo, Millán hace una loa del viejo libro de papel:

Los libros son estupendos: es lo mejor que hay para leer, están bien de precio, no necesitan recarga, pasarán a nuestros herederos con nuestras anotaciones y subrayados y, cuando los sacamos de paseo, informan al universo acerca de nuestros gustos y aficiones, a través de sus cubiertas…

Los metemos en nuestros bolsillos y mochilas, los zarandeamos en mudanzas, los dejamos caer al suelo inadvertidamente, y ahí están: siempre a nuestro servicio.

Pero, a continuación, señala una importante aportación de los libros electrónicos: la posibilidad de acceder con suma facilidad a numerosos textos que, de otro modo, no serían fácilmente accesibles.

Por otra parte, vía Comunicación Cultural, llego a un artículo de Javier Celaya titulado No es “contra naturam”. Ya el título nos invita a recordar que conceptos como libro y lectura tienen una historia, es decir, han adoptado formas diversas y no son un producto natural sino cultural, por tanto sometido a cambios y pervivencias. Celaya expresa su convicción de que ambas formas de lectura, en papel y en pantalla, cobrevivrán y convivirán, de modo que serán los lectores quienes tendrán que decidir en qué formato prefieren leer sus libros.

Pero no es sólo una cuestión de pacífica convivencia, sino de fructífera complementariedad: los diferentes soportes de lectura no se excluyen, sino que suman. Esta idea la fundamentqa Javier Celaya con el ejemplo de las editoriales de EE.UU., que, a raíz del lanzamiento del Kindle de Amazon, ofrecen a sus lectores versiones electrónicas de sus novedades a precios muy competitivos, incidiendo de este modo en el fomento del a lectura.

Finalmente, leo en Libros & Tecnología un post de título tan llamativo como éste: Cinco razones por las que los libros impresos pueden desaparecer. En él. se recogen, vía Soybits, las razones dadas por Adam Hodgkin en el blog Exact Editions. Son éstas muy poderosas, y ante el empuje del libro electrónico que anuncian, parece que la supervivencia del libro tradicional sólo se mantendrá gracias a las bondades de que nos hablaba Millán en su artículo y al apego romántico de muchos lectores a las viejas costumbres.

(Imagen tomada de http://www.naziftopcuoglu.com/index.html)

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