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La concesión del Nobel a Bob Dylan ha levantado mucho revuelo estos días pasados, con voces indignadas por que la canción pueda ser considerada literatura.

 ¿Literatura frente a oralidad?

Reproduzco, como ejemplo, estas afirmaciones del escritor Agustín Fernández Mallo publicadas en El Cultural:

Y es que a veces se mezcla la literatura con la oralidad, y son dos cosas que no tienen mucho que ver. Literatura, en un sentido contemporáneo del término, es aquello que se piensa y se hace por escrito, con unos códigos que por la propia naturaleza de la palabra escrita son bastante específicos. La oralidad es aquello que se piensa y se hace para ser representado, y tiene que ver fundamentalmente con la música, la declamación, el teatro, la perfomance y en general las artes escénicas.

Que yo sepa, Dylan sólo ha publicado dos libros propiamente dichos, su autobiografía y Tarántula […] Lo demás que se ha publicado de él son letras de canciones que, como la propia expresión indica, no son literatura sino una parte importante -pero no única- de un todo, que es una canción.

Otras voces, como la de Fernando Aramburu, nos han recordado que

la primera literatura fue poética y fue oral, y se difundía acompañada de instrumentos por lo general de cuerda. No en vano la palabra lírica es un derivado de lira. No es verdad que esta tradición se haya terminado. Y todavía numerosos poetas de libro siguen explicando su arte con términos (ritmo, sonoridad, tono, cadencia) sacados de la música.

¿Se puede enseñar poesía olvidándose de su relación con la oralidad?

La creencia de que la literatura no tiene mucho ver con la oralidad parece que presida también la enseñanza de la poesía tal como se plantea en nuestro contexto educativo, en el que la poesía llega a los alumnos exclusivamente como textos escritos.

Se olvida que el Cantar de Mio Cid fue escrito para ser cantado, que los testimonios más antiguos de nuestra lírica son cancioncillas de mujer, en hablas mozárabes, incluidas en poemas cultos arabigoandaluces, que las cantigas de amigo galaico-portuguesas (por ejemplo, las de Martín Códax) eran canciones, que igualmente lo eran las Cantigas de Santas María de Alfonso X el Sabio, que los exquisitos cancioneros del siglo XVI (de Palacio, del Duque de Calabria, de Medinaceli, de la Colombina, etc.) reunían letras de canciones tanto de procedencia popular como escritas por poetas cultos a imitación de aquellas o tomando como tema algunos de sus versos, que nuestro Romancero antiguo fija por escrito algunas de las variantes de lo que fueron canciones que han perdurado en la memoria de algunas gentes hasta no hace demasiados años, que los textos teatrales están destinados a la representación ante un público que recibe las palabras de los personajes junto con otros mensajes que los acompañan y complementan mediante la gestualidad, la música, la escenografía, la iluminación, etc.

Tampoco hay que olvidar, en esta compleja relación entre oralidad y literatura, el camino de ida y vuelta que recorren algunos poemas de autores que siguen modelos de la canción popular (por ejemplo, de los cantes flamencos) y que luego son usados como letras por otros cantantes, como ha ocurrido con poemas de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, etc.

Finalmente, hay que tener en cuenta las diversas grabaciones que hay a nuestra disposición (en CD, en Youtube, en fonotecas disponibles en diversos portales en Internet) de recitales de poetas contemporáneos.

Recursos didácticos

Cuando he enseñado (mejor, cuando he tratado de enseñar) literatura, he procurado que los alumnos tuvieran esta visión de una parte importante de nuestra poesía como textos que se interpretaban ante un público, o como canciones que la gente escuchaba y cantaba. Pondré diversos ejemplos:

  • Al trabajar con la Cantar de Mio Cid, no me bastaba con la recitación de algunos fragmentos (siguiendo en este caso la versión de Pedro Salinas), sino que mostraba la reconstrucción oral propuesta por el filólogo y musicólogo Antoni Rossell (en YouTube se pueden encontrar algunos fragmentos).
  • He mostrado las cantigas de amigo de Martín Códax, primero en la versión del grupo de música antigua de Compostela Martín Códax, aunque más tarde conocí la versión del grupo Calamus, que prefiero. El primero de estos dos CD incluye varias cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio.
  • Para trabajar con el Romancero he usado la edición publicada por la editorial Crítica en la colección Biblioteca Clásica. Esta edición incluye un CD con doce muestras de romances recogidas en diferentes zonas geográficas de España. En el cuadernillo que acompaña al CD se afirma que con estas muestras se ha querido “completar la visión que ofrecen los textos editados, en la creencia de que es imposible hacerse una idea cabal de lo que es el romancero sin haber oído nunca un romance”. Existen también grabaciones de romances conservados por las comunidades sefardíes.
  • Para el trabajo con la lírica tradicional he usado preferentemente las grabaciones de Jordi Savall, aunque también he usado otras versiones, por ejemplo las de Victoria de los Ángeles o Pilar Lorengar.
  • He usado también, frecuentemente, las grabaciones de canciones de cantaores flamencos con textos de Lorca, Alberti, Miguel Hernández y otros poetas. Nunca olvidaré la impresión que les causó a mis alumnos la audición del disco Omega, de Enrique Morente y el grupo de rock Lagartija Nick, con textos de Poeta en Nueva York. Sería interminable la relación de cantantes que han musicado poemas de todas las épocas. Sugiero consultar la web Antología poética multimedia, de Ángel Puente.

Para cerrar, comparto dos documentos con poemas seleccionados para dos audiciones. En el primero, incluyo los textos; en el segundo, sólo los títulos y las referencias de las grabaciones.

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