Obstáculos en la lectura
¿A qué profesor de lengua y de literatura no le ha ocurrido tener que interrumpir la lectura de un relato, de un poemario, pues en vez de disfrutar de lo que está leyendo comienza a reconocer en el texto leído un ejemplo posible de estilo indirecto libre, de paralelismo o de determinada estructura gramatical que le puede ser útil para sus clases?
Este modo de lectura profesional está acechando siempre y viene a perturbar el gozo de la lectura ociosa.
Anoto el últmo ejemplo de lo que digo. Estoy leyendo En las nubes, el delicioso libro de relatos de Ian McEwan, del que había oído tantos elogios, pero que todavía no había leído. Su reciente adquisición por la biblioteca de mi centro me ha brindado la ocasión de leerlo, que no he dejado pasar.
Pues bien, al comenzar leer el divertido episodio La crema disolvente, me esperaba uno de esos obstáculos que nos vienen a importunar la lectura. Copio el fragmento:
En la cocina, grande y desordenada, había un cajón […] Era difícil de definir lo que se guardaba en el cajón: cosas que no tenían un lugar natural, cosas que no tenían utilidad pero que no merecían ser tiradas, cosas que podrían arreglarse algún día. Cosas como pilas que no estaban del todo gastadas, tuercas sin tornillos, el asa de una tetera de gran valor sentimental, un candado sin llave o una cerradura de combinación cuyo númetro secreto era un secreto para todos, las canicas menos apreciadas, monedas extranjeras, una linterna sin bombilla, un único guante de un par amorosamente tejido por la abuelita antes de morir, el tapón de una bolsa de agua caliente, un fósil roto. Debido a alguna mágica inversión, todo lo espectacularmente inútil acababa llenando el cajón destinado a las herramientas prácticas.
En este fragmento hay dos cosas que me fascinan. Por una parte, la poética de los objetos sacados de su contexto y conviviendo con vecinos insospechados. Este fragmento me ha llevado a recordar a Ramón Gómez de la Serna y las enumeraciones caóticas de los textos surrealistas. Por otra parte, la acumulación de sintagmas nominales…
Estas dos observaciones son las que me han obligado a detenerme y a pensar “aquí tengo un buen ejemplo para trabajar el sintagma nominal”. Y tras anotar el hallazgo, me he lamentado una vez más por esta condena de no poder entregarme a la lectura sin otro fin que pasarlo bien.
Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el canal RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio.





Tal cual…Me ha pasado.
Y es que ya me preparo para ello, pues me pongo a leer con un cuaderno y lapicera a mi lado.
Igual me resulta grata la lectura, a pesar de las interrupciones…
¿Deberíamos ejercitarnos en dejar pasar la oportunidad de elegir un fragmento magistral para compartir con nuestros alumnos?
Creo que nos pasa a todos, leyendo, viendo películas o con las noticias. Pero bueno, no impide el placer, ni mucho menos, no lo veo un obstáculo sino algo natural que nos lleva a ver todo “con ojos docentes”
A mí me pasa algo peor, Felipe: mientras leo libros o veo películas, tomo notas mentales para una posible reseña en el blog.
Debería haber una palabra en el diccionario para esta anomalía profesoral. Yo también la padezco. Además, tengo un post a medias en el que lo contaba. Lo tengo en borrador, quizá encuentre un momento para recuperarlo.
A mí también me pasa. Deformación profesional…Pero, como dice Eduideas, más que un obstáculo, es un placer añadido. El fragmento es genial, ejemplo también de texto descriptivo. Saludos.
Ya somos más.
Cada uno disfruta de la lectura buscando emociones diferentes (aventuras, sentimientos, sorpresas, identificaciones…). Para mí leer así, con ojos de detective o, mejor, de “chatarrero” , es un incentivo más y un puntito más de disfrute.
Buen texto que voy a aprovechar con los de tercero. Ya te lo contaré en Bilbao la próxima semana.
Me encanta la expresión de Patxo: “leer con ojos de chatarrero”. Ya veo que no estoy sólo en esta experiencia. Mi queja era más retórica. que real. Yo también siento placer cuando encuentro buenos ejemplos de lo que quiero enseñar. Saludos.
[...] recomendación, esta vez de Felipe Zayas, me llevó hasta En las nubes, del escritor inglés Ian McEwan, a quien ya he dedicado un par de [...]