Diez razones (por lo menos) para rechazar los libros de texto

  1. Presentan los conocimientos de forma dogmática.
  2. Imponen los saberes, no incitan ni ayudan a construirlos.
  3. Más que divulgar los conocimientos, los vulgarizan y trivializan.
  4. O se pasan veinte pueblos con el dichoso “nivel”.
  5. Sustituyen cualquier otra fuente de información: donde esté “el libro” son innecesarios los demás libros.
  6. Presentan una estructura rígida, que no facilita la adaptación de las situaciones de aprendizaje al contexto.
  7. No fomentan la iniciativa del profesorado.
  8. Adquieren un valor prescriptivo: marcan la programación y su seguimiento.
  9. Se elaboran y distribuyen con criterios de mercado, no pedagógicos ni sociales.
  10. Sobreviven a cualquier cambio curricular: su capacidad camaleónica de adaptación desvirtúa toda innovación que se intente por vía del currículo.

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11 comentarios »

 
  • Juanmi dice:

    Totalmente de acuerdo Felipe, lo has clavado. Tal vez faltaría un corolario que diga algo así como :
    De todo lo antedicho se infiere que si seguimos usándolos masiva y generalizadamente es porque resulta mucho más cómodo, of course! Perdona la socarronería y ¡feliz día del libro!

  • Marian dice:

    Muy precisas esas apreciaciones sobre el libro de texto. Sobre todo destaco la 6 (su rigidez, su imposibilidad de adaptarse a diferentes contextos). Saludos

  • eduideas dice:

    Lo compartimos muchos, pero siguen omnipresentes en el aula

  • Dapalma dice:

    Me presento. Soy un profesor “novel”. Y tan “novel” que por ahora todavía no he tenido la oportunidad de dar clases de lengua – me he conformado con lo que me ha tocado-, y mi primer gran contacto con la docencia de lengua es la preparación de la programación y la unidades didácticas que voy a presentar en las “opos” de este año en Cataluña.

    El asunto del “libro de texto” me causa un gran “neguit”, como decimos los catalanoparlantes. Hasta que no hice el CAP no tenía ni idea de que era un tema tan controvertido. Y mi inconsciencia se debe a mi experiencia como alumno: en EGB, en BUP, en COU tuve muchas asignaturas con libro y otras mucha sin libro de texto. Y supongo que asumí esto como algo completamente normal, sobretodo porque asocio lo que aprendí y disfruté no con el hecho de que hubiera libro de texto o no, sino con el talante de los docentes. Sí recuerdo que cuando había libro, no se hacía un uso “homogéneo” de él: unos lo seguían al pie de la letra, otros lo desordenaban, otros lo consultaban…También recuerdo que no todos los alumnos teníamos los mismos recursos económicos, y supongo que el hecho de que no hubiera un libro para cada materia aliviaba bastante el presupuesto de las familias en una época donde las becas y ayudas no estaban demasiado extendidas.

    En conclusión, ante esta pluralidad de matices, me encuentro que a la hora de programar y recibir consejos, para todos los gustos y dudas:
    - En general, los libros de texto que consulto están demasiado estandarizados, y efectivamente, es imposible aplicarlos a contextos reales.
    - No hablemos de la calidad de la mayoría de ellos ni de la “redecoración” que realizan para adaptarse a los nuevos currículos.
    - Todavía no tengo demasiados criterios para aconsejar su ineficacia, pero no entiendo cómo puede haber profesores que no adviertan que si hemos de adaptarnos a realidades, ¿qué porcentaje de un libro de texto acaba siendo realmente útil?

    Sin embargo, a la hora de programar para las “opos” me aconsejan que no vaya de moderno, pero que haga como si no existieran los libros de texto; además, la atención a la diversidad ha de ser una directriz de la programación, cosa que por otro lado es un hecho innegable. ¿Qué hago?

  • Pero si descartamos la certeza de un culpa original del profesorado funcionario (clase reproductora, conservadores todos/as, ¿seguro?), ¿no será que los creadores de opinión no habéis (vale, no hemos, para asumir el fallo) sido capaces de presentar una alternativa convincente? No es fácil enfrentarse a un curso completo y a unos objetivos que alcanzar sin la guía de los libros de texto y sus programaciones. Las alternativas están dispersas e incompletas.

    Un saludo

  • Héctor dice:

    Confieso que no me gustan los libros de texto, por las diez razones que se han citado aquí y por algunas más que no detallaré. Sin embargo, estoy de acuerdo con Juan Rafael: no hay alternativas sólidas que garanticen la rentabilidad entre esfuerzo docente y aprovechamiento didáctico. La elaboración de materiales propios sólo es viable de forma puntual, pues la programación (inspirada, si no copiada de las editoriales), el alumnado, cada vez más inseguro sin el referente del libro de texto, y la limitación de fotocopias, se erigen como obstáculos casi insalvables. Pero tampoco hay que caer en el pesimismo: las TIC pueden abanderar esa alternativa, aunque primero habría que dotar a los centros de la tecnología adecuada, formar a los docentes en su uso y desarrollar una metodología eficaz, generalizada, que no dependa tanto del papel y pueda ser asimilada por nuestros alumnos sin que necesiten unos conocimientos demasiado especializados.
    Por el momento, esto pertenece a la “docencia ficción” (creo que Toni Solano me lo ha contagiado) y creo que, hoy por hoy, es un error demonizar los libros de texto, ya que se da la falsa impresión de que es el único instrumento didáctico del que nos valemos, aunque muchas veces sea el principal, y corremos el peligro de ser injustos con algunos de calidad, como los de Octaedro, Anaya o ECIR.

  • Miguel dice:

    El problema de quitar lo libros de texto es cambiar la praxis, porque para hacer lo mismo se acaba concluyendo que es más fácil con libro. Y no es sencillo, porque se “enseña” como en su día se “aprendió” ; es decir, se tiende a repetir roles de aula que vivimos durante toda la niñez y parte de la juventud. De ahí, el desprecio por la didáctica y el conservadurismo editorial: responde a una demanda.

  • felipezayas dice:

    En los comentarios han aparecido apreciaciones interesantes como:
    -Sustituir los libros de textos implica cambiar de modelo educativo, de ahí el problema. ¿Qué es antes, el cambio de modelo o la sustitución de los libros de texto por materiales alternativos?
    -La alternativa individual de los profesores a los materiales estándar de los materiales es imposible: requiere una programación propia y unos materiales flexibles para esta programación. Pero, ¿y si se abre paso el trabajo colaborativo? Allí donde funcionan grupos de trabajo es más fácil elaborar las propias alternativas.
    -Tampoco existen muestras suficientemente amplias y coherentes que puedan ayudar al profesorado que quieren sacudirse el yugo del libro de texto. Es verdad: pero menos existían hace 30 ó 20 años, cuando ya algunos nos atrevíamos a quitarnos el corsé. Las TIC facilitan mucho las cosas. Un ejemplo: los profesores de lengua y literatura tienen una gran facilidad para localizar textos literarios y no literarios (el principal recurso) para trabajar en calase.
    Los argumentos contra los libros de texto son necesarios si sirven para poner en cuestión lo que se entiende mayoritariamente por aprender y enseñar, y si se van poniendo medios para la alternativa: cultura de colaboración y difusión de buenos ejemplos.
    Dapalma, sigue el consejo: no seas demasiado moderno en la oposición. Pero dale algún toque de renovación, sin estridencias.

  • Elena dice:

    Hola a todos

    Llevo casi desde su inicio siguiendo la iniciativa Flat World Knowledge, estoy de hecho con un borrador de un libro de texto que quiero publicar bajo su formato. Yo creo que iniciativas como la de FWK, con David Wiley al frente y su reconocido interés por lo abierto, son (o deben ser) el presente y futuro de los libros de texto, libros donde el protagonista será el estudiante y el conocimiento vivo y activo gracias a su característica de ser editados continuamente, descargados, etc. Os invito a echarle un vistazo.

    Saludos,

    Elena

  • JMGS dice:

    No soy un apasionado del libro de texto. De hecho, pocas veces lo he empleado de manera intensiva. Sin embargo, creo que no hay que demonizarlo. El verdadero problema no es el libro en sí, sino el uso que de él hace el profesorado. El manual es una propuesta que debe seguirse de manera activa, reflexiva y crítica, no maquinalmente. Aquellos docentes que los utilizan de esa manera harán algo similar con otro tipo de materiales y reproducirán los mismos resultados.
    Es posible que hable así porque soy autor de un manual de Literatura universal. Mi idea no ha sido “cerrar” una visión de la materia, sino exponer mi propia visión, aportar materiales, textos, sugerencias de trabajo, de manera que el profesorado pueda trabajar con los materiales para enfocar la asignatura a su estilo, si lo desea, o seguir la perspectiva que propone el manual.
    Los libros de textos son una herramienta de trabajo más, no el único instrumento ni la palabra definitiva. Así hay que entenderlos.

  • Xavier dice:

    Comparto las diez razones expuestas por Felipe. Y comparto también el “por lo menos”. Creo que una razón clave es la 9: desde mi punto de vista es la “mare dels ous”, como decimos en catalán (la madre de los huevos). Se puede decir más alto pero no más claro: “Se elaboran y distribuyen con criterios de mercado, no pedagógicos ni sociales”. Las editoriales tienen en el libro de texto un suculento negocio. Después de ésta, las demás observaciones sobre los libros de texto vienen solas. Creo que cualquier docente alguna vez por lo menos ha debido sentirse escandalizado por el tratamiento que los libros de texto reservan a algunos temas espinosos de la lengua (verbigracia la gramática), por el autofrenazo a propuestas editoriales demasiado novedosas y el retorno a lo de siempre (la misma editorial sustituye en los nuevos manuales el tratamiento temático de la literatura por lo cronológico puro y duro), por el enfoque conservador dado a la comprensión lectora (reduciéndola a la clásica batería de preguntas de interpretación literal), por la pátina de novedad lúdica y moderna (fotos de móviles y ordenadores)… Creo que con la 9, los demás puntos se podrían resumir en el siguiente: “Los libros de texto (i) no deben contrariar la idea que algunos de sus destinatarios indirectos más conservadores (algunos padres, algunas direcciones de centro o de departamento, algunos profesores) tienen de lo que se debe enseñar en la materia y a la vez (ii) deben aparecer con rasgos de modernidad”. A pesar de todo, para un profesor novel (todos lo hemos sido en algún momento) el libro es también una fuente de formación, aunque sea “por oposición” (en su sentido genuino). Por otra parte, comparto la idea que ha aparecido en los comentarios: generar los propios materiales pasando del libro no es garantía de no estar haciendo lo mismo pero con fotocopias; la clave estaría en un cambio de mentalidad, de metodología en clase. Las TIC son en este sentido algo revolucionario… aunque no al alcance de todo el mundo por diversos motivos.

 

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