Una dura pero grata sesión de trabajo

Hoy me siento cansado, pero especialmente contento, tras las dos largas sesiones de ayer para presentar las enseñanzas mínimas de Lengua castellana y Literatura ante más de cuarenta profesores y profesoras de valenciano adscritos como asesores al Servici d’Ensenyament del Valenciá de la Conselleria d’Educació. Como ya he explicado en otros posts, la sesión obedecía al interés de este colectivo por conocer las disposiciones del Ministerio, en el contexto de la elaboración del currículo de Valenciano en esta Comunidad. Y, a pesar del cansancio tras las horas de exposición e intercambio de ideas, la sensación al teminar fue muy grata. Esta sensación todavía me dura.
Cuando preparaba las sesiones me era difícil construir la imagen del destinatario, algo necesario para determinar los contenidos y el tono de la exposición. Pero ya desde los momentos previos, la cordialidad de los organizadores y de alguno de los asistentes me ayudaron a sentirme cómodo y dispuesto a ir adaptando lo que llevaba preparado a las demandas de los asistentes.
El espacio era francamente hostil: mesas colocadas en gran semicírculo, pero demasiado alejadas de la mía, y lejos también de la pantalla donde había de proyectar presentaciones y mapas conceptuales, cuyos textos no siempre era bien visibles a esa distancia. Tenía que haber sido más precavido y haber visitado la sala unos días antes.
Pero, en fin, todas las dificultades las allanaron fácilmente la acogida cálida de los asistentes y su interés en la exposición. Encontré en muchos de ellos a profesores con los que compartía una historia común en programas experimentales y proyectos de innovación. También teníamos en común muchas lecturas (Anna Camps, Marta Milián, Daniel Casany, Joaquim Dolz, Teresa Colomer…, por citar sólo algunos nombres), por lo que la comunicación entre nosotros era fluida; su participación, constante; y sus preguntas y aportaciones, fundamentales para el desarrollo de la sesión.
Antes de empezar a exponer me interesaba saber sus posiciones en relación con la utilidad que habría podido tener el currículo aún vigente (el que elaboramos un equipo de profesores de valenciano y de castellano para las dos áreas a comienzos de los 90), sus opiniones ante la utilidad o no de un currículo como instrumento de innovación y sus reflexiones sobre los retos con los que se enfrenta la elaboración del nuevo currículo. Mi opinión era que un cambio de currículo no había sido un factor que contribuyera al cambio de modelo en la enseñanza-aprendizaje de la lengua, que sigue en las viejas prácticas. Fue un acierto comenzar de este modo, pues sus intervenciones me ayudaron a construir la imagen del destinatario y a enfocar mejor mi exposición. Algunas de las ideas que destaco de sus intervenciones son:

  • Los cambios que se puedan derivar de un cambio curricular como el que se produjo a princpios de los 90 es muy lento: en un principio, el cambio que supuso situar el “saber hacer” como eje del currículo desconcertó a muchos, pero con el paso de los años esta orientación hacia el uso de la lengua se ha ido abriendo camino.
  • El currículo de 1992 recogía muchas de las aportaciones que ya se estaban haciendo desde movimientos de renovación y desde programas experimentales de reforma, por lo que vino a normalizar y a extender propuestas hasta entonces minoritarias. A partir de ese momento, quedaban legitimadas todas aquellas vías que se situaban en la enseñanza de habilidades lingüístico-comunicativas y que dejaban de tener como eje el aprendizaje de la gramática.
  • Las editoriales no saben qué hacer con un currículo centrado en habilidades lingüístico-comunicativas, y presentan los contenidos curriculares en forma de contenidos conceptuales. La enseñanza de la comprensión y de la expresión queda de nuevo relegado. Este es un problema con el que se va a encontrar siempre el currículo de lengua.
  • Un currículo ha de ser un instrumento para la innovación: no ha de limitarse a presentar lo que hoy es posible hacer, sino lo que debería hacerse y quizá todavía no sea posible porque la formación del profesorado aún lo permite. El currículo ha de ser un motor de cambio para el profesorado.

En este wiki se recogen las presentaciones y mapas conceptuales que usé en la exposición.

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4 comentarios »

 
  • Isidro Vidal dice:

    Hola Felipe
    Una sesión muy interesante y con unas orientaciones muy claras respecto al área. Me identifico con tu análisis, como siempre certero, didáctico y cercano.
    A pesar de que no sea mi asignatura de trabajo en el aula, soy un poquito profesor de Lengua, yo creo que todos aportamos nuestro granito al desarrollo de la comprensión y expresión del texto.
    Saludos

  • Lu dice:

    He estado revisanto el wiki y ciertamente has elaborado unas presentaciones muy instructivas.
    Con un material tan estructurado tenías garantizado una parte del éxito de la sesión.

    En cuanto a la síntesis que presentas, es cierto que la reforma del 92 era innovadora y que recogía modelos que se habían llevado a cabo en el ámbito de la experimentación; pero lamentablemente esos nuevos patrones metodológicos no se normalizaron y aún hoy hay quien culpa a esa reforma del fracaso educativo.
    En fin, no quiero empañar tu satisfacción abriendo un nuevo debate.

  • Boris Mir dice:

    Estimado Felipe,

    afirmas que un currículo ha de ser un instrumento para la innovación y que debe proponer lo que “debería hacerse” aunque la formación del profesorado no lo permita. Entonces, ¿no corremos el riesgo de tropezar otra vez con la misma piedra? ¿no estamos sobrevalorando las posibilidades reales de modificar las prácticas docentes a través de los cambios curriculares? ¿Es realmente una buena estrategia para la innovación efectiva? ¿No sería más eficaz, por ejemplo, cambiar la formación del profesorado o el sistema de acceso a la función docente? Siempre tengo estas dudas… En fin, Felipe, perdona el exabrupto! Como Lourdes, tampoco deseo empañar tu satisfacción abriendo un nuevo debate…

    Un saludo muy cordial!

  • felipezayas dice:

    Gracias por la atención que prestáis a mis cosas, Isidro, Lu y Boris. Añadiré unas precisiones respecto a las opiniones que recojo en mi post sobre el papel del currículo en general y sobre el vigente, en la asignatura de valenciano, desde 1992.
    Estas opiniones aparecieron en el coloquio a partir de mi pregunta sobre si el currículo había sido -y si podía ser- un motor de cambio. Yo de entrada manifesté mi opinión acerca de que no lo había sido y no lo podía ser si no concurrian otros factores, como los que señala Boris. Pero esta posición mía inicial hizo que los aistentes al curso adoptaran una posición menos radical y trataran de “salvar” lo que de positivo había tenido el cambio curricular de 1992.
    Pero la pregunta está abierta: a la hora de redactar un nuevo currículo, ¿hay que reproducir el modelo vigente, aunque sea el que da más comodidad y seguridad al profesorado? ¿O hay que abrir caminos? Por ejemplo, en el modo de entender el estudio de la gramática. ¿Seguimos con el formalismo más esteril? ¿O adoptamos líneas de reflexión más próximas a la interrelación entre significado y formas gamaticales?
    En el área de lengua, el principal cambio curricular (un verdaero giro copernicano) es la sustitución del objeto de enseñanza-aprendizaje. Eso es lo que todavía no se ha digerido. Si el currículo tuviera que limitarse a prescribir lo que la mayoría del profesorado ve como “natural”, la gramática debería seguir siendo el eje.
    La perversión que los libros de texto han introducido en las propuestas curriculares de las últimas décadas ha sido presentar los contenidos de tipo comunicativo (las habilidades lingüístico-comunicativas) como contenidos que los alumnos deben aprender. Porque este es el modelo que se resiste a cambiar: transmisión de conocimientos sobre la lengua y la literatura, en vez de enseñar a usar la lengua y a leer mejor los poemas y relatos.
    Gracias de nuevo por seguir tan atentamente mis preocupaciones.

 

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