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Los aspectos de la competencia lectora

En mi Instituto se ha iniciado un curso de formación sobre competencia en comunicación lingüística destinado al profesorado de todas las áreas. Voy a participar como ponente en varias sesiones. La primera de ellas, destinada a los aspectos de la competencia lectora, tal como se describen en PISA 2009,  se celebró el miércoles pasado. Esta es la presentación.
Dejo aquí la presentación que usé.

10 ideas clave sobre la lectura y la escritura

Esta es la presentación que he utilizado en la conferencia que he dado esta tarde en el colegio Marianistas de Zaragoza. Dejo también el enlace con un decálogo que no me ha dado tiempo a compartir. En realidad, estaba implícito en las 10 ideas que he expuesto.
Los asistentes, todo el profesorado del centro, alrededor de un centenar, involucrados en un proyecto para la mejora de la competencia en comunicación lingüística. Muy buenas sensaciones.

Regalo inesperado: la asistencia de la escritora Begoña Oro, que participará en el proyecto de formación con varias conferencias.

La lírica de tipo popular y la formación del lector de poesía

poesía amorosa

Si me preguntarais qué poetas prefiero, me vendrían inmediatamente a la boca algunos nombres; enseguida me daría cuenta de que también podría  nombrar a otros, y todavía a otros… Pero hay un tipo de poesía, que está entre la que prefiero, que no va unida a ningún nombre. Hablo de los poemas que han llegado hasta nosotros a través de los cancioneros y que proceden de la primitiva lírica hispana.

También en el ámbito educativo creo que se ha de dar una gran importancia a estos poemas: su desnudez, su intensidad por todo lo que  se sugiere y se calla, sus temas eternos, su presencia en tantos poetas a lo largo de los siglos… todo ello hace que debamos considerar esta lírica como la base de la educación del lector de poesía.

A veces oímos decir que la educación literaria debería comenzar por las obras más próximas a nosotros, y, a partir de ellas, retroceder hasta el pasado. Yo no estoy de acuerdo.  Muchas obras contemporáneas no se entenderían sin sus referentes clásicos, tanto en la forma como en los temas. Creo que hay que ir en las dos direcciones: hay que conocer aquellas obras sin las que difícilmente podríamos entender los textos de ahora; y, al revés, a partir de un texto contemporáneo que sea significativo para el lector, retroceder hasta sus fuentes y alcanzar así una comprensión mayor,  del texto de hoy y del texto del pasado, que ya lo hemos convertido también en un texto de hoy.

La lectura, la recitación, la audición, la reescritura y el comentario de estos poemas son una buena forma de introducción en la poesía. Como en los microrrelatos, hay que hacer un esfuerzo por imaginar todo lo sugerido y no dicho. Además, hay que interpretar el simbolismo amoroso (las fuentes, los ríos, las plantas, los frutos…) que reaparecerá más tarde en la poesía neopopularista de Federico García Lorca, de Rafael Alberti, Miguel Hernández…, y que es un componente esencial de las letras del cante jondo.

En los talleres de escritura, los alumnos pueden familiarizarse con los principios de la versificación y con las formas elementales de la poesía popular. Pero también habrán de identificar sus temas y agrupar los poemas con criterios temáticos.

En estos poemas, será grato a los alumnos reconocer los temas relacionados con los diversos episodios de la experiencia amorosa, tan bien representados en ellos:

El sufrimiento por causa del amor que aguarda fatalmente al enamorado:

Dentro del vergel
moriré,
dentro en el rosal
matarme han

La invitación al amor, la cita amorosa:

Al alba venid, buen amigo,
al alba venid.

Y la impaciencia de la espera:

¡Ay, cómo tardas, amigo,
ay, cómo tardas amado!

La unión de los amantes:

En la fuente del rosel
lavan la niña y el doncel.

O la separación,  cuando la luz del día les sorprende:

Ya cantan lo gallos,
buen amor, y vete,
cata que amanece.

Las dulzuras del amor:

Besóme el colmenero,
que a miel me supo el beso.

O el desasosiego, la inquietud, el desvelo:

No pueden dormir mis ojos,
no pueden dormir..

Y la añoranza del amado ausente:

A sombra de mis cabellos
se adurmió:
¿si le recordaré yo?

Pero también el amor trágico:

Gritos daba la morenica
so el olivar,
que las ramas hace temblar.

Y el lamento por el amor perdido:

Que no cogeré yo verbena
la mañana de San Juan,
pues mis amores se van.

O por la falta de amor y la soledad:

¿Con qué la lavaré
la flor de la mi cara,
con qué la lavaré
que vivo mal penada?

O por la unión con  alguien a quien no se ama:

Desde niña me casaron
Por amores que no amé:
Mal casadita me llamaré.

Muchos de estos temas, una vez identificados, será fácil reencontralos en la canción popular actual, o en la poesía de autores más próximos a nosotros en el tiempo.

Motivos para reflexionar sobre la lengua

encuentro

Partido, encuentro, choque, duelo, combate, batalla, contienda, liza, pugna, disputa…

Enfrentarse, disputar, pelear, medirse, pugnar por, verse las caras, chocar, …

Vanguardia, retaguardia, defensa, ataque, zaga, ariete, muralla…

Vencer, derrotar, dominar, herir, rendir, someter, imponerse a , triunfar…

Caer derrotado, caer herido, claudicar, entregarse, morder el polvo…

Honra, coraje, generosidad, entrega, aplomo, fortaleza, abnegación…

Estas palabras se han usado o podrían haberse usado estos días con ocasión del partido entre el Real Madrid y el Barcelona. De hecho es un léxico habitual en las crónicas y comentarios futbolísticos.

¿No proporciona ocasión esta circunstancia  para llevar al aula actividades que den sentido a la reflexión sobre la lengua y  a la mejora de la competencia lingüístico-comunicativa? Se me ocurren -y a vosotros, sin duda, también- numerosas actividades posibles, desde el uso del diccionario de sinónimos del procesador de textos hasta pequeños proyectos de investigación, sin olvidar la relación de este lenguaje con la literatura épica.

Una de mis primeras reflexiones importantes como profesor la motivó el constatar lo extrañas que resultaban para mis alumnos las descripciones gramaticales, siendo que su objeto era algo sumamente próximo a ellos: su lengua. Me llamaba la atención que no vieran la relación entre los conocimientos sobre la lengua que trataba de enseñarles y su propia actividad  verbal, que lo que describíamos en clase tenía que ver con  lo que ellos hacían cuando hablaban.

Ese  descubrimiento me llevó a adoptar dos criterios metodológicos:

  • Vincular lo más posible las descripciones gramaticales (doy  aquí a “gramática” un significado muy extenso) a enunciados  tomados de la vida real, es decir,  que fueran reconocibles por los alumnos como usos efectivos de la lengua.  De aquí procede mi interés por el trabajo con titulares de prensa, eslóganes, pies de fotos, títulos de libros y canciones, greguerías, refranes, chistes, etc. como materia para la observación, el análisis y el comentario lingüístico.
  • Proponer actividades que obligaran a los alumnos a distanciarse de la lengua y “mirarla” como un objeto del que se puede hablar, es decir, para desarrollar su capacidad metalingüística.  Para ello recurría a enunciados que provocaran extrañeza y obligaran a observar su forma y a ponerla en relación con el significado. Eslóganes publicitario, poemas breves o fragmentos de poemas, juegos verbales tomados de las vanguardias literarias, etc. eran la materia verbal idónea para este fin. (Recuerdo la importancia que tuvo para mí en esa época leer Alicia en el país del lenguaje, de Marina Yagüello)

En definitiva, se trataba (se trata) de dar sentido a los conocimientos sobre la lengua poniéndolos en relación con el uso que de ella hacemos y de favorecer la actividad reflexiva enseñando a los alumnos a situarse ante los enunciados y a “mirarlos” como hacen los lingüistas para extraer conclusiones de sus observaciones.

Estos dos criterios, de un modo o de otro, siempre han estado presentes a lo largo de mi vida como profesor.

Escribir en Internet: decálogos, normas, consejos…

Es fascinante ser testigo del surgimiento de nuevas formas de comunicación, de nuevos géneros, de nuevas normas.

Uso el término “normas”, no en el sentido de la coerción que viene desde una autoridad, sino con el significado de las pautas que nos vamos dando y vamos aceptando los participantes en estas nuevas maneras de comunicar.

Y me gustan los decálogos mediante los que se objetivan estas reglas que ya estamos siguiendo, consciente o inconscientemente, porque es el modo de que la comunicación fluya feliz.

El último de estos decálogos, que ya tengo marcado en mi Diigo, es Twitter: Diez consejos para novatos, que he conocido vía @mtascon .

¿Son pertinentes estos decálogos, estas normas, estos consejos que se nos proponen de vez en cuando en la Red?

Ya he dicho que a mí me gustan, porque me obligan a reflexionar, a contrastarlos con lo que de modo más o menos intuitivo, más o menos consciente, yo hago cuando escribo en la Red. Y porque no los tomo como atrevimientos de alguien que se cree superior a mí, sino como una forma de hacer explícitas las pautas que vamos construyendo entre todos.

Pues bien, cuando hoy he retuiteado el decálogo al que me he referido más arriba, he recibido esta respuesta:

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Y esta ha sido la mía:

Captura de pantalla 2011-12-06 a la(s) 16.45.10

Que ha merecido una nueva contestación:

Captura de pantalla 2011-12-06 a la(s) 16.48.25

Yo, con el  último aserto de este tuit estoy de acuerdo. Dentro de Twitter como red social se crean comunidades muy diferentes, y probablemente existan dentro de cada una de ellas unas pautas específicas que hacen posible los intercambios. El “sentido común”, del que habla este usuario no es más que un conocimiento, si se quiere intuitivo, de las normas que rigen en esa comunidad.

Pero entiendo que el decálogo que está en el origen de este post no hace referencia a normas de comunidades específicas, sino a pautas que convienen a Twitter como medio de comunicación.

¿Cómo lo veis vosotros?

Fomento de la lectura y educación literaria

Si los alumnos han de apropiarse de la forma de lectura tal como funciona socialmente, es decir, como un acto personal y libre de relación entre el texto y el lector, se habrá de procurar un espacio de lectura con estas características, sin que pueda superponerse e identificarse con las situaciones pensadas por la escuela para ayudar al desarrollo de la competencia literaria.

He reproducido un  fragmento de una obra de Teresa Colomer y Anna Camps de 1991 (Ensenyar a llegar, Ensenyar a escriure, publicado por Rosa Sensat/Edicions 62) que todavía se puede leer con provecho.

En este fragmento se distinguen dos situaciones de lectura en el ámbito escolar:

  • Lectura como acto personal y libre, tal como funcionan socialmente.
  • Lectura orientadas al desarrollo de la competencia literaria.

Esta distinción tiene consecuencias importantes en cuanto a los objetivos y en cuanto a la mediación pedagógica.

Para promover la lectura como acto personal y libre, según las citadas autoras, son adecuadas actividades como las siguientes:

  • La lectura individual, independiente de cualquier trabajo escolar
  • Actividades de presentación y difusión de los libros que se pueden leer.
  • Actividades de incitación a la lectura
  • Creación de un clima propicio al comentario, al debate, la recomendación y el intercambio.

Estas actividades son muy diferentes de las indicadas para la formación de lectores literarios:

  • Actividades para el estudio de contenidos literarios programados
  • Trabajo de observación y análisis de obras
  • Comentario detallado de una obra leída  de forma colectiva
  • Relación de la lectura con proyectos de escritura creativa.

Estas distinciones nos ayudan a precisar dos conceptos que a veces se confunden en el ámbito escolar:

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Propongo un decálogo que está basado en la  distinción que he venido haciendo:

  1. La educación literaria y las actividades de fomento de la lectura en los centros escolares tienen objetivos, medios  y estrategias diferentes.
  2. Los planes de fomento de la lectura persiguen la creación de situaciones de lectura libre,  orientan la libre elección de las lecturas.
  3. La lectura tiene una dimensión social que los planes de fomento de  la lectura han de incorporar: las diferentes formas de acceso al libro, el intercambio de lecturas y de experiencias, la existencia de espacios (presenciales y virtuales) donde se habla de libros…
  4. La mediación de los educadores en los planes de fomento de la lectura en los centros ha de estar basada  en el conocimiento de los lectores y en la existencia de  criterios de selección de las lecturas más idóneas.
  5. Un plan de fomento de lectura adecuado no garantiza la educación literaria, que requiere aprendizajes planificados, y es responsabilidad del profesorado de literatura.
  6. El objetivo de la enseñanza de la literatura no es el placer de la lectura, ni su fomento, ni el desarrollo del hábito lector… es proporcionar los medios (los aprendizajes) para que esto ocurra(Colomer-Camps)
  7. Lo específico de la educación literaria es la formación de lectores capaces de acceder a los textos del canon literario.
  8. Forman parte del canon literario escolar aquellas obras  de LIJ que puedan facilitar las actividades encaminadas a propiciar la experiencia literaria y a progresar en el dominio de las convenciones.
  9. La interacción con los textos literarios –el aprecio de la literatura- es posible con una lectura acompañada: para propiciar la respuesta del lector, para allanar dificultades (de lengua, de contexto cultural, de convenciones…), para ayudar a percibir y a dar sentido a los procedimientos literarios, para ayudar a poner en relación la temática y la forma de los textos con otros textos (intertextualidad).
  10. Leer para aprender a leer literatura puede llegar a ser un  “motivo para leer” atractivo, siempre que los medios empleados sean los adecuados.

(Intervención en “Las situaciones de lectura en el contexto escolar”, III Congreso Leer.es. Motivos para leer. Compromiso con la lectura, 25-27 de noviembre de 2011))

Acerca de la actualización de los contenidos de lengua

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Fuente : http://www.flickr.com/photos/37049314@N02/4776412702

Hace unos días, Joaquín Mesa se sumaba a un interesante debate, abierto por Joselu en su blog (y animado por numerosos e interesantes comentarios) sobre cómo entender y desarrollar el currículo de la materia Lengua castellana y Literatura.

En el debate, Joaquín introduce un asunto que me interesa mucho:

Quiero en este artículo poner de relieve otro aspecto de esa falaz dicotomía: currículo vs. competencias comunicativas. Los defensores de ese currículo jibarizado a historiografía literaria y gramática del español argumentan que el alumno debe conocer, al finalizar el curso y/o la etapa, una serie de contenidos canónicos sobre nuestra materia. Siempre me ha sorprendido que esa posición y alegato academicista- pone de relieve el valor educativo de los contenidos filológicos aprendidos en la carrera universitaria- no esté en correlación con un afán actualizador de esas informaciones académicas transmitidas. A saber, si alguien se atrinchera en un corpus de contenidos establecido por la tradición académica, ¿cómo es posible que no se revisen ni actualicen esos tan valiosos contenidos? Y digo esto porque estos días he estado ojeando la Nueva gramática BÁSICA de la lengua española (2011) publicada por la RAE y me parece que puedo afirmar, sin vacilación ni duda alguna, que la información gramatical que contiene está muy alejada de la que se comunica en nuestras aulas.

La contradicción salta a la vista: muchos profesores de lengua defienden el valor educativo de los conocimientos de morfología y de sintaxis; pero no ponen en cuestión la fosilización, cuando no evidente falta de rigor, de unos contenidos que ya no se corresponden con los enfoques actuales de los estudios gramaticales.

Pero abordemos este apunte de Joaquín desde otro punto de vista: ¿el camino para dar sentido a los contenidos gramaticales es su actualización? ¿Se trata de sustituir simplemente unos contenidos por otros, de sustituir unas gramáticas de referencia por otras?

Este problema ya lo vivimos los más mayores de lugar en los 70, cuando la irrupción del estructuralismo y del generativismo en el ámbito educativo nos hizo creer que la actualización de los contenidos gramaticales iba a mejorar la enseñanza de la lengua. Y así, nos entregamos a buscar, a debatir, a adaptar y a incorporar modelos de análisis gramatical que fueran rigurosos, científicos, claros, incluso atractivos (¡!). Y aquí también el sueño de la razón produjo monstruos, los monstruos de los frondosos árboles (sintácticos) que no dejan ver el bosque (el bosque del discurso, de los significados, de la comunicación).

¿Hemos de seguir pensando que el problema es la modernización de los conocimientos sobre la lengua?

Otro episodio de la búsqueda de la actualización de los contenidos la vivimos en los años 90 con la llegada de la lingüística textual. El interés de muchos profesores por la lingüística del texto no obedecía a esta obsesión por modernizar los conocimientos; nos movía la hipótesis de que un mejor conocimiento de los mecanismos textuales nos iban a servir para trabajar más eficazmente en la clase lo que de verdad nos preocupaba: la comprensión y la composición de la diversidad de los textos.

Pero el interés por la lingüística del texto no condujo a una redefinición de los contenidos gramaticales y a su integración en actividades de uso de la lengua. La consecuencia no esperada es que la irrupción de la gramática textual vino a incrementar –y a enmarañar- los contenidos gramaticales escolares.

Se produjo una vez más un fenómeno digno de análisis. Las aportaciones de las ciencias del lenguaje a la enseñanza de la lengua no redundan en una clarificación de los objetivos, en una mejor definición de los objetivos educativos, en una orientación para mejor dibujar las líneas metodológicas. No. El efecto siempre es añadir más contenidos Así, sobre los estratos más antiguos de la morfología y la sintaxis, procedentes de las aportaciones estructuralistas, se depositaron los nuevos acarreos de la lingüística textual: estudio de tipologías textuales, definición e identificación de conectores, estudio de los conceptos de adecuación, coherencia y cohesión… Una capa sobre otra, mera acumulación de aportaciones de modelos gramaticales diferentes.

La renovación en la didáctica de la lengua no depende, pues, de la actualización de los contenidos. Las nuevas miradas sobre la lengua que nos proporcionan las ciencias del lenguaje –y que han de ser conocidas por un profesor bien formado- han de servirnos para reflexionar sobre cómo enseñar mejor lo que importa: a ser más competentes lingüísticamente, a ser más competentes en la comunicación verbal. Los estudios de la lingüística textual nunca debieron servir para incrementar los contenidos de los libros de texto, sino para aportarnos a los profesores conocimientos sobre cómo son los textos; para, de este modo, elaborar de forma más precisa las ayudas que hemos de proporcionar a nuestros alumnos cuando les enseñamos a leer y a escribir.

¿El libro de texto es el currículum?

Sabemos que una metodología basada en la actividad de los alumnos (observación, búsqueda de información, reflexión sobre  lo observado y/o leído, sistematización de conceptos, composición de textos o preparación de exposiciones orales para comunicar lo aprendido, etc.) requiere procesos de trabajo de una cierta complejidad y, por tanto, de una cierta duración.

Y sabemos que esta metodología es imprescindible para aprendizajes complejos y de alto nivel, como son los que se refieren a la capacidad para interactuar mediante el lenguaje en los diversos ámbitos sociales.

Ante propuestas metodológicas de este tipo, es frecuente escuchar reparos referidos a la imposibilidad de abarcar los contenidos prescritos.

Pero, ¿de qué contenidos estamos hablando? ¿Y quién tiene la responsabilidad de  establecerlos?

Profesor en la secundaria se quejaba  hace unos días de la imposibilidad de atender, por una parte, a los contenidos exigidos por el currículo oficial (cita como ejemplo las figuras retóricas o las estrofas más conocidas, pongamos la literatura del Renacimiento o el análisis de categorías morfológicas como el sustantivo, el adjetivo, los verbos, los pronombres…) y, por otra, a “desarrollar competencias y habilidades de participación activa de los alumnos”. Incluso, la ingente cantidad de contenidos como los mencionados arriba impedirían tratarlos adecuadamente con los ejercicios y actividades que asegurasen la motivación y el aprendizaje efectivo.

En el blog citado se describe de este modo el drama del profesor:

El profesor debe escoger con desgarro entre el qué o el cómo. Si decide interesar y atraer a sus alumnos para que desarrollen sus competencias comunicativas, que aprendan a leer con algún sentido y a expresarse con alguna facilidad… ello supondrá un número ingente de clases y de prácticas que no desarrollarán adecuadamente el currículum oficial.

El post que comentamos ha suscitado un animado debate, en el que, a mi juicio, no quedan suficientemente definidos los diferentes niveles de responsabilidad del currículo y su desarrollo.

¿Se me permitirá recordar algo que debería formar parte de la formación básica del docente?

El currículo, en su primer nivel de formulación, establece las intenciones educativas y traduce estas intenciones en objetivos de aprendizaje, en contenidos y en criterios de evaluación que tienen una formulación muy general, muy alejada todavía  de la práctica del aula. La responsabilidad, en este nivel, la tienen las administraciones educativas.

En un segundo nivel, más próximo al aula, el marco general establecido por el currículo corresponde a los centros educativos. Acabo de releer el Capítulo II del Título V de la LOE, que trata de la autonomía de los centros.

En los artículos 120 y 121 se habla claramente de la autonomía de los centros (autonomía pedagógica, de organización y de gestión).   En efecto, la LOE delega en los claustros la concreción del currículo en el marco de los proyectos educativos de centro. Esta concreción se ha de hacer de acuerdo con las características del entorno social y cultural del centro.

Todavía le queda al profesorado otro nivel de responsabilidad en la concreción del currículo: la planificación de las actividades de aula.  Somos los profesores (individualmente o en grupos de trabajo) quien hemos de traducir el proyecto de centro en actividades y tareas de aprendizaje.

¿Qué está diciendo un profesor cuando afirma que no puede, por ejemplo, trabajar por proyectos porque un currículo recargado de contenidos le impide dedicar tiempo a lo que no sea explicar gramática, figuras literarias, métrica o el mester de clerecía y el mester de juglaría?

Lo que está diciendo es que la traducción que los libros de texto hacen del currículum es el currículum. Que los contenidos que los libros de texto nos ofrecen son los obligatorios. Y que la metodología que implican estos contenidos es la idónea para lo que es obligatorio enseñar.

Pero lo que hay detrás de todo esto es  la renuncia por parte del profesorado a interpretar, adecuar, concretar el currículum oficial de acuerdo con el contexto educativo. La renuncia a determinar qué es realmente relevante y a explorar las formas de trabajo más adecuadas en relación con  los diversos tipos de aprendizajes.

Podría poner muchos ejemplos de contenidos de lengua y literatura que los libros de texto imponen como relevantes y necesarios y no lo son en absoluto. Serían prescindibles, si tomamos como criterio el horizonte de las competencias básicas.

También podría poner muchos ejemplos, dentro de la misma asignatura,  de contenidos conceptuales que podrían integrarse dentro de tareas complejas de lectura y de escritura y que no requerirían tediosas lecciones, tediosas clases, tediosos exámenes.  Precisamente, los libros de texto, además de acumular contenidos que en absolutos están justificados, los trocean y  separan, acentuando de esta manera su sinsentido.

Dedicaré otros posts a mostrar y a analizar estos ejemplos. Por hoy, baste con invitar a identificar mejor el problema: éste no está  -o no sólo- en el currículum; está en la dificultad que tenemos –cuando no la renuncia absoluta a hacerlo- para interpretarlo y para concretarlo; está en la identificación que hacemos entre currículum y libro de texto; está, en definitiva, en el desenfoque de nuestros afanes: quizá dedicamos mucho tiempo  a buscar el modo de transmitir conocimientos que en sí mismos no tienen ya demasiado sentido, en vez de dedicar tiempo y energías a tratar de traducir las prescripciones del currículo en formas de trabajo que conduzcan al aprendizaje de destrezas lingüístico-comunicativas.

Soy consciente de que el cambio de modelo –del programa cerrado a un currículo más abierto- entraña dificultades, exige tiempo y trabajo en equipo. Pero un mal diagnóstico dificulta la resolución del problema.

Un marco comunicativo para la reflexión gramatical

secuencias

 

Suele haber acuerdo acerca de cuál debiera ser la finalidad principal de la reflexión gramatical: la mejora de las destrezas relacionadas con el uso (los usos) de la lengua. Los problemas vienen cuando se pasa a determinar qué contenidos son los más significativos en relación con esta finalidad y cómo abordarlos en el aula (cómo presentarlos, cómo secuenciarlos, cómo evaluarlos…).

Probablemente, para poder avanzar hay que retirarse unos pasos de los contenidos gramaticales y mirarlos en un marco más amplio: el de las actividades de lectura y de escritura.

Una propuesta metodológica que permite esta integración es la que hace Anna Camps y el grupo GREAL con las secuencias didácticas (véase el artículo de Anna Camps “Proyectos de lengua entre la teoría y la práctica“).

Una secuencia didáctica se articula en torno a la composición de un género textual, es decir, en una clase de textos perteneciente a alguna de las esferas de la actividad social (un reportaje, un manifiesto, un escrito de solicitud, un guión radiofónico, un cuento fantástico, un folleto informativo, etc.). Para  componer esta clase de texto, los alumnos han de aprender cosas sobre el género en cuestión, tanto es su dimensión comunicativa (función social, pepel del emisor, modo de estar representado el destinatario…), como lingüística (estructura textual, registro…) y paralingüística (formato, tipografía…). Y, sobre todo, han de aprender a hacer cosas, es decir, a gestionar los diferentes aspectos que intervienen en la composición, desde el proyecto inicial al texto que será hecho público.

Es en este marco comunicativo donde las actividades de reflexión sobre la lengua  tienen  sentido.

¿Se me permitirá que ponga un ejemplo de secuencia didáctica elaborada por mí? Se puede consultar en este enlace de El Tinglado.

Pues bien, ¿qué tareas ha de abordar el profesor al planificar la secuencia didáctica que más tarde llevará al aula? La tarea que tiene por delante tiene todos estos componentes:

  • Determinación de los objetivos de la secuencia:
    • Objetivos comunicativos: qué actividad discursiva se va a llevar a cabo, es decir, qué género de texto se va a componer.
    • Objetivos de aprendizaje: qué van a aprender/aprender a hacer los alumnos para poder llevar a cabo la actividad discursiva.
  • Conocimiento de las características del género de texto que será el eje de la secuencia didáctica (rasgos prototípicos).
  • Elaboración de actividades que ayuden a los alumnos a planificar el texto que van a componer:
    • Análisis, en textos modelo,  de los rasgos prototípicos (discursivos y textuales) del género de texto que se ha de componer.
    • Planificación de los contenidos (activación de conocimientos, búsqueda de información nueva…)
    • Estructuración de los contenidos (uso de representaciones gráficas, como mapas conceptuales…)
  • Elaboración de actividades que ayuden a los alumnos a resolver problemas de tipo local (mecanismos de cohesión, organización sintáctica, puntuación, ortografía…).
  • Elaboración de actividades para sistematizar los aprendizajes realizados (por ejemplo, para apropiarse del metalenguaje gramatical a partir de las actividades efectuadas).
  • Elaboración de actividades para el control del proceso de trabajo (fichas de recursos, de control, de autoevaluación).

En definitiva, el debate sobre la gramática y su enseñanza no se debe separar del debate más general sobre la enseñanza y el aprendizaje del uso (los usos) de la lengua.

Hacia una tipología de actividades gramaticales

Crucigramas gramática

Si analizamos las actividades gramaticales de los libros de texto de Lengua castellana, no será difícil constatar la poca variedad que presentan. Y es normal, pues en ellos las actividades de gramática suelen tener como finalidad comprobar que los alumnos se “saben” la lección, y por ello predominan los ejercicios de identificación y descripción de las formas lingüísticas que ha explicado el profesor.

Si le damos a las actividades gramaticales otras funciones, será necesario diversificar los ejercicios de gramática, de modo que sean coherentes con los objetivos que nos fijamos.

¿Cuáles son estos objetivos?

  • En un plano muy general, el desarrollo de la capacidad metalingüística, es decir, saber tomar la lengua como objeto de observación y tener los recursos conceptuales y verbales para hablar de ella.
  • Y en un plano más concreto, apoyar las actividades de comprensión y composición de textos con ejercicios que ayuden a avanzar en las habilidades lingüístico-comunicativas.

De acuerdo con estos dos fines, podemos proponer una tipología de actividades que trascienden claramente la mera identificación y descripción de formas lingüísticas

  1. Clasificar enunciados de acuerdo con algún criterio lingüístico que los propios alumnos han de determinar o que se les proporciona de forma explícita.
  2. Comparar enunciados e identificar algún rasgo lingüístico que les opone.
  3. Ejemplificar esquemas gramaticales con ejemplos seleccionados por los alumnos en inventarios de enunciados que se les entregan.
  4. Juzgar la gramaticalidad o la corrección ortográfica de un uso lingüístico mediante la consulta de un manual de uso.
  5. Interpretar textos metalingüísticos, por ejemplo, las entradas del diccionario de la RAE, los artículos de la web de FUNDEU, etc.
  6. Completar un texto reponiendo elementos suprimidos (conectores, formas verbales, etc.)
  7. Manipular enunciados usando procedimientos de conmutación, supresión, ampliación, cambio de lugar, y tratando de explicar qué cambios se han hecho y qué efectos producen.
  8. Reescribir enunciados usando una forma gramatical diferente para expresar la misma idea.
  9. Integrar dos o más enunciados para formar uno sólo en el que los elementos estén cohesionados.
  10. Componer un texto aplicando determinadas características gramaticales observadas previamente en un texto modelo.

Obsérvese que los cinco primeros tipos están basados en la observación, el análisis, la comparación, la clasificación. Los otros cinco están basados en la manipulación, en la reescritura y en la composición de enunciados.

La potencialidad educativa de estas actividades depende de si se presentan dentro de secuencias didácticas con objetivos comunicativos y de aprendizaje claros, de modo que tengan sentido porque forman parte de una tarea más amplia que las justifica.

Y por supuesto, se trata de una propuesta sometida a la discusión.

¿Son enunciados muy generales? Claro, porque tratan de definir clases de actividades en las que que quepan ejemplos de actividades concretas muy diversas.

Ahora se trata de ver si esta tipología nos sirve de ayuda para diversificar nuestras propuestas de trabajo en el aula y para darles sentido.