En el debate que suscité hace unas semanas —este blog tenía otra ubicación— acerca del lugar de la gramática en la enseñanza de la lengua, asomaron algunas resistencias a considerar que los conocimientos gramaticales fueran relevantes para el aprendizaje de los usos verbales. En un comentario reciente de Patxo Landao en este blog, también se desconfía de una instrucción que sofoque la espontaneidad creativa del alumnado (reaparece Freinet y su famosa pregunta acerca de si la gramática es necesaria).

Ando preparando un curso de formación sobre este tema y vuelvo a darle vueltas a estas cuestiones.

Mi posición al respecto se puede expresar con esta cita:

El planteamiento adecuado del problema parte del hecho —que a veces parece ignorarse en la enseñanza— de que no existe posibilidad de usar la lengua, ni en las situaciones más espontáneas, sin realizar un control de ese uso, es decir, sin algún tipo de actividad metalingüística; al dirigirnos oralmente a alguien, al leer y al escribir, es imposible no preguntarnos cómo lo decimos, cómo lo escribimos, qué me quieren decir. (La cursiva es del autor).

 Gombert, J. E. (1990), Le développement métalinguistique. Paris, PUF.
 ¿La clave no estará en cómo orientar y dirigir la actividad metalingüística de modo que los alumnos amplíen sus recursos para controlar el uso de la lengua?