Reproduzco el diálogo que he sostenido esta mañana con una alumna de 3º de ESO tras explicar brevemente, con los correspondientes ejemplos, que algunos verbos indican “acción” pero otros no:

- ¿Sabrías poner un ejemplo de verbo que no signifique “acción”?
– Sí, “estar”.
– De acuerdo. Úsalo con sus argumentos.
-“Yo estoy en mi casa”.
– Muy bien, se ve claro en este enunciado que “estar” no significa acción. ¿Y cuál es su sujeto?
-“Yo”.
-Estupendo. “Yo” es el sujeto. Entonces, vamos a ver. ¿Tú dirías después de esto que “el sujeto realiza la acción expresada por el verbo”?
– Sí, claro.
-Veamos, piensa en el ejemplo que has puesto antes. ¿”Estar” es un verbo de acción?
-No.
– Y en el ejemplo que has puesto, ¿”yo” realiza alguna acción?
-No.
-Entonces, ¿podemos definir “sujeto” diciendo “es quien realiza la acción”?
-Sí, claro. El sujeto realiza la acción.

[…]

Y así hemos seguido un rato: yo tratando de que notara la incongruencia de mantener la definición; ella, porfiando y enfadándose al ver que se estaba poniendo en cuestión una de las grandes verdades de la gramática escolar.

No cuento nada que no nos haya pasado a todos los que tratamos de enseñar algo de sintaxis. ¿Qué nos dice un hecho como éste?

  1. Que se introducen conceptos gramaticales en la escuela demasiado pronto.
  2. Que para poder introducirlos, los libros de texto y el profesorado los simplifica y falsea: en este caso, se muestra el sujeto prototípico (el sujeto agente que denota una entidad animada) como definición general de sujeto.
  3. Que estos aprendizajes simplificados y transmitidos dogmáticamente (al margen de la reflexión del alumnado) son muy resistentes.
  4. Que de nada sirve tratar de sustituir una explicación (la que los alumnos recibieron en su niñez) por otra más consistente, también transmitida al margen de la reflexión.
  5. Que para que los alumnos aprendan gramática han de elaborar -con la ayuda del profesor- los conceptos gramaticales a partir de la observación, la manipulación y la reflexión.
  6. Que vale la pena hacerlo así, no sólo porque es el único modo de que los niños y jóvenes aprender cosas con sentido, sino también porque es muy divertido observar qué caminos siguen en su prendizaje.