Se prepara un monográfico de las revistas Textos y Articles (ahora comparten contenidos) con el título –provisional– de La enseñanza de la gramática en la educación obligatoria. Estoy preparando mi colaboración en este número, que trata de “Cómo dar sentido al trabajo con la sintaxis”.

Reproduzco aquí la introducción:

Uno de los problemas centrales de la enseñanza de lengua es cómo  dar sentido a  las actividades gramaticales de modo que tengan algún efecto en el aprendizaje de los usos verbales.  Una de las respuestas que se han dado ha sido desplazar  estas actividades desde el plano oracional a los planos discursivo y textual. Así, los currículos de lengua desde los años 90  han incorporado contenidos como las marcas enunciativas (la referencia en el texto al emisor, los procedimientos para implicar al destinatario, el modo como se manifiestan gramaticalmente de los actos verbales, la modalización, etc.), y los procedimientos de cohesión (conectores y mecanismos léxicos y gramaticales para mantener la continuidad temática).

 

Pero, dejando de lado el hecho de que estos nuevos contenidos generalmente se han tratado al modo tradicional, es decir, más como conocimientos declarativos que como habilidades,  queda sin resolver el problema de cómo poner en relación las actividades gramaticales de morfosintaxis con el aprendizaje de la lectura y de la escritura. El resultado de este divorcio es el empleo de mucho tiempo y esfuerzo en perseguir aprendizajes gramaticales poco relevantes desde el punto de vista del uso de la lengua; y ello, sin que los alumnos lleguen a construir conocimientos satisfactorios. (Véase el post ¿Conocimientos y destrezas indispensables?“)

 

¿Es posible salvar el abismo que se abre entre las actividades de sintaxis y el aprendizaje de habilidades lingüístico-comunicativas?

En nuestra opinión, esto sólo será posible si se cambia el modelo de gramática,  de corte estrictamente formal, en el que se sustentan los contenidos escolares: la preocupación de este modelo es el reconocimiento y descripción de las formas lingüísticas, al margen de los significados y de las intenciones de los hablantes. Pero para que el trabajo gramatical tenga algún efecto sobre el aprendizaje del uso no basta con describir formas gramaticales y analizar estructuras, hay que poner en relación las formas con los significados y las intenciones.

Esta integración se facilita  con un enfoque como el de la lingüística cognitiva, que  concibe la sintaxis como “el vehículo de expresión de diferencias en la conceptualización  de eventos y conceptos, y que, por tanto, permite adaptar el lenguaje a las necesidades comunicativas y la intención de los hablantes”. [1]

 
Esta concepción de la sintaxis permite tres perspectivas complementarias: a) funcional, que pone en relación la conceptualización con la estructura gramatical; b) categorial, que permite entender la estructura jerárquica de la oración; y c)  lineal, que pone en relación el orden de los sintagmas con factores comunicativos.

 

En este artículo defenderé con diversos ejemplos, tras un breve marco conceptual, la necesidad de adoptar  un enfoque funcional para poder dar sentido a  las actividades de sintaxis en relación con el aprendizaje del uso de la lengua. Por limitaciones de espacio no mostraré ejemplos de actividades basadas en la la perspectiva lineal, que se ocupa del modo como se presenta la información en la oración y de cómo progresa de una oración a otra.

1 Cuenca, M. J. (2011), “Sintaxis”, en Climent Roca, S. y Mateu Fontanals, J. (coords.), Gramàtica i cognició. Barcelona, UOC