Vía El suplemento ocasional, de Leonor Quintana, me he enterado de que está circulando un meme que me ha hecho gracia. Y como Leonor lo «impone» a sus lectores, pues voy a entrar al trapo.

Pero antes voy a decir unas palabras sobre el modo de entender la escritura en mi blog. Uno de los principios que trato de no incumplir es evitar dar información sobre ámbitos de mi vida no estrictamente relacionados con el profesional: el familiar, el político, las aficiones… No sólo por pudor, sino porque creo que realmente mis cosas no interesan a nadie.

Y sin embargo, sé que parte de la gracia de un blog es construir en él un personaje y establecer relaciones en la blogosfera a través del personaje creado. Por eso, el «autor-personaje» está implicado continuamente en su texto. Se escribe dede el «yo». Y ahí está una de las dificultades de este nuevo género: cómo hablar de cosas que puedan interesar a los demás evitando hablar de uno mismo (mi «yo» biográfico no tiene ningún interés) y al mismo tiempo, porque el género de texto así lo exige, hacer constantes referencias a un «yo» que no se ha de identificar estrictamente con el «yo» biográfico. Algo parecido a lo que ocurre en las columnas de opinión. (Y en los poemas).

Dicho todo esto, y desde estos presupuestos, me apetece hacer el meme:

1. Aprendí a leer, según la mitología familiar, descifrando los mensajes que llevaban los trenes que pasaban, lentamente, delante de mi casa.

2. Mi único material didáctico, cuando iba a la escuela de Peñaranda de Duero, en Burgos, era una pizarra y un pizarrín, que usábamos para escribir las copias que el maestro escribía (casi dibujaba) en la pizarra de la clase y para hacer cuentas.

3. Uno de los momentos más felices de mi infancia (en mi recuerdo) fue aquella tarde en la que, a la salida de clase, me esperaba en casa el primer aparato de radio de la familia, en el que pude oír por primera vez un episodio de la serie Diego Valor.

4. Una de mis mayores frustraciones es no haber estudiado Filología Clásica y no poder leer directamente la poesía griega y latina.

5. No estuve en París en mayo del 68.

Y, ahora, la trampa: «impongo este meme a todo lector que se deje caer por aquí, citando la fuente».

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