Antonio Machado

 

Antonio Machado en Villa Amparo (Rocafort)

Antonio Machado murió el 22 de febrero de 1939. Hoy hace de ello 75 años. Algunos periódicos recuerdan  hoy su penoso éxodo a través de la frontera y sus últimas horas  en Collioure.

La fecha invita a sacar del estante su obra y releer los poemas que nos han acompañado toda la vida. Pero elijo el tomo Prosas  Completas de la edición crítica de Oreste Macrí y busco en el índice los textos recogidos en “Prosas sueltas de la guerra (1936-1939)”, muchos de ellos escritos en Rocafort, en el oasis de su residencia de Villa Amparo, poco antes del viaje definitivo.

Voy pasando las páginas y me detengo en las palabras de Antonio Machado en el acto de homenaje que el 5º Regimiento dedica en Madrid a “los hombres más representativos de nuestra cultura, dentro y fuera de España” antes de que estos fueran evacuados por el riesgo que corrían ante el avance de las tropas franquistas:

Yo no me hubiera marchado; estoy viejo y enfermo. Pero quería luchar al lado vuestro. Quería terminar una vida que he llevado dignamente, muriendo con dignidad. Y esto solo podría conseguirlo cayendo a vuestro lado, luchando por la causa justa como vosotros lo hacéis.

Leo a continuación sus declaraciones, en la Casa de la Cultura de Valencia, de condena de los “vandálicos bombardeos” del Museo del Prado y de la Biblioteca Nacional por la aviación fascista; y, en contraste, su elogio del calor con el que los milicianos, el pueblo, defienden la cultura, que es el pasado, pero también el porvenir. Antonio Machado llama a los intelectuales a defender un patrimonio que no es solo del pueblo español, sino de toda la humanidad:

La humanidad está interesada en esta guerra, porque las obras de cultura que destruye el fascismo no son patrimonio sólo del pueblo español: son de la humanidad. Los milicianos, custodiando estas obras, indican un fondo de cultura superior y se erigen en milicianos de la humanidad al defender sus intereses espirituales.

Machado concluye sus declaraciones afirmando que todo intelectual está obligado a ser un miliciano más con un destino cultural:

Los milicianos custodian los Museos y Bibliotecas, protegen la vida de los intelectuales representativos, nosotros continuaremos la obra de la cultura opular y empujaremos hasta el término este renacimiento del espíritu español que el fascismo ha querido cortar. Hoy estamos a disposición del Ministerio de Instrucción Pública como milicianos del estado español, popular, democrático y republicano.

Leo a continuación sus manifestaciones de tristeza por la muerte de García Lorca, en la carta dirigida al crítico literario y poeta ruso David Vigodsky;  sus recuerdos de la proclamación de la II República y la  esperanza en la victoria de los ideales republicanos;  su discurso de saludo y simpatía a las Juventudes Socialistas Unificadas; su correspondencia, en la que se muestra su intensa actividad cívica y literaria; su artículo Los milicianos de 1936, no soldados, sino “pueblo en armas”; la entrevista con el  escritor valenciano Pascual Pla y Beltrán, etc., etc., etc.

Emociona leer estos textos de quien ha de ser   recordado como uno de nuestros más grandes poetas, pero también como un ciudadano que se mantuvo fiel a la causa de la legalidad republicana y decidió ser, hasta su muerte, un “miliciano cultural”.