sintaxis

Hay quienes todavía justifican las actividades de análisis sintáctico con el argumento de ­­que pueden ayudar a escribir mejor. Este argumento lo encontramos, hace muchos años,  en un trabajo de Leonardo Gómez Torrego, Teoría y práctica de la sintaxis, de 1985:

los análisis coherentemente concebidos y desarrollados con rigor pueden coadyuvar al “bien escribir” desde el punto de vista de la corrección sintáctica, pues los ejercicios continuados de análisis ayudan al alumno a familiarizarse con las estructuras y los esquemas sintácticos de su propia lengua […] Es cierto que se puede escribir muy correctamente sin saber nada de sintaxis, pero también lo es que los ejercicios de análisis sintáctico debidamente razonados inciden en una mayor consciencia del entramado combinatorio lineal de las construcciones de las frases.

Esta conciencia lingüística adquirida mediante los análisis sintácticos continuados contribuiría, según este autor, a evitar las discordancias, los anacolutos, los “dequeísmos”, etc.

Nótese que, para que este efecto beneficioso en el “bien escribir” se produzca, según Gómez Torrego, los análisis han de estar “coherentemente concebidos y desarrollados con rigor”,  ya que los pobres resultados prácticos de la enseñanza gramatical sería consecuencia de cómo se enseña la sintaxis en el aula, enseñanza que incurre en los siguientes defectos según este profesor:

 la falta de unificación terminológica, la mezcla indiscriminada de escuelas, tendencias o métodos, la ‘arboreomanía’ o culto al diagrama arbóreo, y el dogmatismo con que los profesores suelen actuar en la enseñanza de la sintaxis […] Los análisis se han convertido en un sinsentido mecánico, en algo que se hace sin reflexión, sin método adecuado, y, en ocasiones, con unas buenas dosis de pedantería.

En consecuencia, el autor trata de proporcionar en la obra citada un método riguroso sustentado en unas bases teóricas , de modo que el profesorado  pueda usarlo críticamente y evitar así la imposición dogmática de nociones y técnicas de análisis.

Pero en una obra de la misma década, Teorías gramaticales y análisis sintáctico, de Jesús Tusón (1980), se niega que la enseñanza de la gramática y la práctica del análisis sintáctico tenga un papel en el aprendizaje práctico de la expresión.

Tusón afirma que los alumnos de entre 11 y 16 años tienen que “enfrentarse con el análisis de frases que incluso para los especialistas entrañan serios problemas  y suscitan vivas discusiones”. Y advierte que frases como  Lloraba tanto que parecía que no se podría consolar jamás, o Me compraré un coche en el caso de que me sobre el dinero, etc. son de una complejidad notable y sólo pueden analizarse “desde unos sólidos conocimientos lingüísticos y gramaticales que no están al alcance de ciertas edades”.

Tusón concluye:

 si, por lo tanto, hay que pedir análisis sintácticos, será necesario preparar los objetos que deben analizarse, es decir, las frases, procurando que no rebasen las ocasionales posibilidades analíticas del alumno.

Estas observaciones de Jesús Tusón tiene una gran importancia para la relación entre el aprendizaje de la sintaxis y el aprendizaje de la escritura. Si para poder trabajar la sintaxis en estas edades hemos de preparar las frases, es decir, hemos de crear frases ad hoc, sin valor comunicativo, sin relación con los usos reales de los alumnos, en ese caso difícilmente la reflexión sobre las estructuras sintácticas puede influir en su mejor uso, como asegura Gómez Torrego. Hemos de considerar que frases difíciles de analizar, como las de los ejemplos de arriba, son producidas sin ningún problema por cualquier alumno de estas edades, pues tienen un conocimiento implícito de las reglas necesarias para producirlas. Por tanto, si el objetivo es mejorar el uso, ¿para qué analizar lo que ya se conoce, es decir, lo que ya se sabe hacer? En todo caso la reflexión tendrá que dirigirse hacia expresiones donde se dan los errores o las insuficiencias, y el análisis sintáctico de estas expresiones, como señala Tusón, está fuera del alcance de los alumnos.

En conclusión, para que la reflexión gramatical tenga alguna incidencia sobre la mejora de la escritura, habrá que situarla en un terreno diferente al de la identificación de formas, funciones y estructuras, heredado de la invasión del estructuralismo que sufrimos en los años 70 del siglo pasado,  del que todavía no nos hemos liberado.