ultraísmo

 Sabemos que la larga crisis de la enseñanza de la literatura, cuyas causas son variadas y complejas,  se manifiesta en su inadecuación a las necesidades educativas actuales: los niños y los jóvenes no necesitan acumular conocimientos sobre autores y obras, periodos y movimientos, sino que se han de formar como lectores competentes de literatura. Este cambio radical en cuanto a los objetivos educativos requiere también un cambio radical en  los métodos y formas de trabajo en el aula.

Conviene no olvidar las palabras de Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos:

La escuela y la universidad deberían servir para hacernos entender que ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión; en cambio hacen todo lo posible para que se crea lo contrario. Por una inversión  de valores muy difundida, la introducción, el aparato crítico, la bibliografía hacen las veces de una cortina de humo para esconder lo que el texto tiene que decir y que sólo puede decir si se lo deja hablar sin intermediarios que pretendan saber más que él.

Pero es que además, hay casos en que la información que aparece en muchos manuales escolares de literatura no se corresponde con las conclusiones actualizadas de la investigación y la crítica. Con lo que el problema ya no es solo el señalado más arriba –la transmisión de conocimientos acerca de la literatura y no la formación de lectores literarios-, sino que la información que se transmite son contenidos escolares ya fosilizados, útiles para ser memorizados y vomitados en un examen, pero sin ninguna utilidad para orientar al lector de literatura. Y no veo preocupados por ello a los defensores de la enseñanza de la literatura  entendida como la explicación de la historia literaria.

Estoy releyendo estos días el libro Vanguardismo y crítica literaria en España, de Andrés Soria Olmedo, y en varios momentos salta a la vista este alejamiento de los manuales escolares de la investigación rigurosa.  Se pone en evidencia, leyendo este trabajo, un problema general que afecta a la explicación de toda la literatura del primer tercio del siglo XX:  la radical segmentación en generaciones, movimientos y escuelas que oscurece lo principal,  los intentos, diferentes pero interrelacionados, de dar respuesta a la crisis artística, ideológica y social de fin de siglo. Algunos ejemplos: se mantiene una oposición entre Generación del 98 y Modernismo que sólo tiene utilidad con fines escolares; queda oscurecida la relación de la Generación del 27 con los movimientos de vanguardia; esta generación se presenta como la foto fija de un homenaje a Góngora en un determinado año, cuando sus componentes –con voces y poéticas muy diferentes– llenan una parte importante del siglo XX. ¿Qué queda, por ejemplo, del Luis Cernuda del 27 en su obra posterior al 1939?

Pero dejaré para otro momento este problema general y me referiré a un falseamiento que aparece de forma pertinaz en algunos libros de texto: la caracterización del ultraísmo. Es habitual encontrar este término en una enumeración en la que el término “ultraísmo” aparece en la misma serie que “futurismo, cubismo, dadaísmo, expresionismo, creacionismo…”

Aquí hay dos falsificaciones: una afecta al ultraísmo en relación con los movimientos que llegan de Europa; la otra se refiere a la relación entre ultraísmo y creacionismo.

El ultraísmo fue un movimiento que carecía de unidad teórica y práctica: “En nuestro credo cabrán todas las tendencias sin distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo”, afirmaba su primer manifiesto Ultra. Un manifiesto de la juventud literaria. En él confluye diversas corrientes de la vanguardia europea: el cubismo literario, el futurismo y el dadaísmo, el expresionismo,  aunque las teorías de origen cubista serán las de mayor arraigo en el vanguardismo español.

Por tanto, no es correcto considerar el ultraísmo como un movimiento diferenciado del cubismo, del dadaísmo, del futurismo, etc.; de un modo diferente, se ha de entender el ultraísmo como la confluencia de estos diferentes movimientos de vanguardia. En otro de los manifiestos ultraístas, Manifiesto vertical, de Guillermo de Torre, se declara también este carácter ecléctico del movimiento:

Tampoco se deben diferenciar, ni menos oponer, el ultraísmo y  el creacionismo, como se suele hacer en textos de divulgación. ¿Qué es el creacionismo y cuál es su relación con el ultraísmo?

El creacionismo fue una teoría y una práctica poética elaboradas por el poeta chileno Vicente Huidobro., quien en una estancia en París había sintonizado con el grupo de escritores y artistas cubistas (Guillaume Apollinaire, Pierre Reverdy, Max Jacob, Pablo Picaso, Juan Gris…).  De hecho, según algunos críticos, “creacionismo” se ha de considerar como  un nombre más dado al cubismo literario. Huidobro viajó a Madrid en 1918: su estancia en España y la publicación de varios libros suyos (Horizon carré, Ecuatorial, dedicado a Pablo Picasso, Poemas árticos, dedicado a Juan  Gris) son circunstancias que influyen decisivamente en el desarrollo del movimiento ultraísta. Gerardo Diego, Juan  Larrea y  Pedro Garfias son los poetas ultraístas que se sitúan explícitamente en la corriente creacionista.

La relación entre ultraísmo y creacionismo la explicó con extrema claridad el ultraísta-creacionista Gerardo Diego:

Ultraísmo es género. Creacionismo, especie. Ultraísmo es voluntad. Creacionismo, afirmación estética. Para ser ultraísta de derecho, basta con querer serlo. Para serlo de hecho, basta con acertar a serlo. Para los primeros, mi simpatía. Para os otros, mi admiración. Todo creacionista español es ya ultraísta desde el momento en que ha ido más allá. Pero se puede ser ultraísta de muchas otras maneras. (Grecia, nº XLVI, pp. 6 y 7. Citado por Soria Olmedo, A. (1988): Vanguardismo y crítica literaria en España. Madrid: Itsmo, p. 88.  La negrita es mía)

Es muy difícil que se pueda enseñar nada sobre las vanguardias literarias en España con estas confusiones. Por ejemplo: ¿Cómo presentar una selección de poemas tomados de revistas ultraístas si hablamos de ultraísmo como algo diferente de creacionismo? ¿Y cómo enseñar a interpretar la imagen vanguardista si no ponemos en relación el ultraísmo con su referente más importante, el cubismo literario?  Por otra parte, lo que interesa para que nuestros alumnos entiendan lo que se denominó “poesía nueva” no son las diferencias entre movimientos, sino aquello que hacía de las vanguardias en su conjunto un factor de cambio y de oxigenación de la escena literaria, como por ejemplo, la autonomía del arte en relación con la realidad, la imagen como procedimiento poético fundamental, ciertas características lingüísticas y tipográficas, etc.

Seguiremos con estos temas.