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Hace unos días escribí el tuit de arriba con ánimo provocador.

Fue sin duda una reacción motivada por haber estado casi tres días en el III Congreso Escuela 2.0, sumergido en un ambiente con mucha afirmación TIC.

Mentiría si afirmara que lo tecnológico dominó sobre las preocupaciones didácticas. Nadie acudió al congreso a aprender a usar la última herramienta, a descubrir la más novedosa aplicación, a ponerse al día en el software más sofisticado.

Y en las comunicaciones, en general,  estaba presente la preocupación por una escuela que respondiera mejor a las necesidades educativas del siglo XXI.

Y sin embargo…

Y sin embargo, algunas veces la perspectiva desde lo digital hacía que quedara borroso el hecho de que las TIC no son -o no solo- recursos, herramientas que pueden facilitar tal o cal aprendizaje,  sino espacios de comunicación,  de construcción de conocimientos compartidos, de aprendizaje de nuevas formas de interacción. En definitiva, nuevas prácticas culturales que ya forman parte de los objetivos de la alfabetización. De la alfabetización a secas.

Desde hace tiempo  defiendo esta idea de que  el concepto de alfabetismo, en nuestros días, se ha de referir inexorablemente también a la lectura y escritura de textos digitales, para actuar en las diversas esferas de la actividad social Y ello requiere que la lectura y la escritura en la escuela no se reduzca a los textos impresos, sino también a los electrónicos. Y no a los textos digitalizados, sino a al hipertexto.

En diciembre del 2008 publiqué un artículo en el nº 72 del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza  con el título Las TIC y la enseñanza de la lengua y la literatura que se abría de este modo:

El modo de entender el papel de las Tecnologías  de la Información y de la Comunicación en relación con  la enseñanza de la Lengua y la Literatura ha experimentado cambios profundos en poco tiempo.

No hace demasiados años, cuando se empezaba  a hablar de las “nuevas tecnologías” en el ámbito educativo, se aludía generalmente al empleo de herramientas de ofimática, es decir, los procesadores de textos y otros programas de edición, como los usados para elaborar presentaciones.  Además, se solía hacer referencia a la necesidad de aprender a usar enciclopedias, diccionarios y otros documentos –como materiales de autoaprendizaje-  disponibles en formato  CD.

Con la generalización de Internet, el uso de las “nuevas tecnologías” se asoció fundamentalmente al empleo de herramientas lingüísticas  en línea (diccionarios de la lengua, de sinónimos,  rimas, de neologismos…), a la búsqueda de información (enciclopedias y portales educativos…) y a la consulta de bibliotecas digitales. Efectivamente, la escuela se encontró con una inmensa biblioteca –en crecimiento vertiginoso- que permitía el acceso a innumerables fuentes de información. Ante este fenómeno, la enseñanza ya no podía seguir dependiendo del libro de texto, de la pizarra y de los libros de consulta que pone a disposición de alumnos y profesores la biblioteca escolar. Enseñar a aprender con Internet –acceder a los documentos, procesar una información que llega fragmentada y organizada con hiperenlaces, reutilizar estas informaciones de acuerdo con determinados fines curriculares…- se convirtió en una meta educativa.

Todavía hoy, cuando se habla de la incorporación de Internet a la enseñanza se piensa fundamentalmente en esta vertiente informativa de la Red. Pero esta visión resulta ya muy limitada. En la actualidad, Internet permite a sus usuarios, no sólo acceder a una cantidad ingente de información, sino comunicar y compartir sus conocimientos, opiniones e intereses. Ello es así porque las webs personales y de organizaciones públicas y privadas, y también la prensa digital, incorporan foros de debate; muchos periódicos digitales permiten ya que los usuarios comenten cada información; cualquier usuario con conocimientos básicos en el uso del ordenador y en navegación por Internet puede montar su propia página recurriendo a las plataformas gratuitas de blogs y de wikis; es posible registrarse en redes sociales y conversar sobre intereses compartidos con los miembros de la misma comunidad virtual etc. En este nuevo contexto socio-comunicativo, la escuela se encuentra ante la necesidad de incluir entre sus metas el desarrollo de las capacidades para interactuar en estas nuevas formas de comunicación, es decir, en el uso de nuevos medios y nuevas normas sociales y lingüísticas para la interacción verbal.

Este breve recorrido nos ha permitido pasar del concepto de “nuevas tecnologías” –el ordenador como máquina de escribir- al de “tecnologías de la información y la comunicación”, es decir, medios para interactuar en nuevas situaciones de comunicación. Y estos cambios -las nuevas prácticas discursivas, los nuevos géneros, los nuevas situaciones de lectura y de escritura- nos obligan a definir nuevas competencias y, por tanto, nuevos objetivos para la enseñanza de las habilidades lingüísticas. El concepto de alfabetismo se ha ampliado e incorpora las habilidades y estrategias necesarias para interactuar en estos nuevos contextos comunicativos.

Concluyendo, me gusta decir ” alfabetización”,  sin adjetivos, Y en esta palabra, incluyo las nuevas formas de lectura y de escritura.